El verdadero cambio comunitario no empieza en grandes obras, sino en los hábitos sencillos de cada persona...
Por: Antonio Reyes Vásquez
En Cajeme, como en muchas ciudades del país, el civismo se mide en pequeños gestos cotidianos. Durante años he sido promotor cultural y conferencista, y he comprobado que el verdadero cambio comunitario no empieza en grandes obras, sino en los hábitos sencillos de cada persona. Recordar lo aprendido en aquellas clases de educación vial y civismo de la primaria puede ser la mejor brújula para mejorar nuestra convivencia actual.
Una amable lectora me escribió: "Me hizo recordar también cuando había una escuela de educación vial. Mi hermano iba a clases y después la quitaron. Eso estaría buenísimo que regresara, porque a los niños les gustaba y se sentían parte de algo". Y tiene razón. Los buenos ciudadanos se forman con disciplina anticipada. Preparar la mochila la noche anterior, dejar lista la ropa de trabajo o programar la alarma a tiempo son actos que reducen el caos de la mañana. Cuando razonamos nuestra conducta en las vías públicas, entendemos que salir con prisas aumenta la tensión del tráfico y multiplica los accidentes. Un ejemplo real lo vemos en la salida de los fraccionamientos del sur de Ciudad Obregón: los retrasos suelen originarse en quienes deciden correr de último minuto. Si mañana dejas listas tus cosas antes de dormir, no solo mejoras tu día, también mejoras el de quienes comparten la calle contigo.
El civismo comienza en casa. Así como mi mamá nos cosía mochilas con sacos de harina para enseñarnos el valor del esfuerzo, cada familia puede transmitir valores de orden, respeto y responsabilidad. Involucrar a los hijos en preparar su uniforme, revisar su bicicleta o repartir las tareas del hogar crea ciudadanos más conscientes. En Cajeme, he visto familias que organizan "rutas escolares a pie", donde padres y madres acompañan a varios niños del vecindario. No solo reducen el tráfico, también fortalecen la convivencia. La acción concreta para el lector es sencilla: esta semana, acuerden en familia una tarea cívica diaria, como apagar las luces que no se usan o sacar la basura en el horario indicado. Esos pequeños acuerdos familiares se convierten en costumbres que trascienden generaciones.
Según el Instituto Nacional de Salud Pública, los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años en México (INSP, 2023). Esto debería alarmarnos. Pero la prevención no depende únicamente de las autoridades: depende de nosotros. Conducir a velocidad moderada en la calle 200 o respetar el semáforo de la Guerrero puede salvar vidas. Imagina que en una esquina de Cócorit, un automovilista decide frenar para ceder el paso a un peatón; ese acto genera una cadena de cortesía que se replica en otros conductores. Nuestra conducta razonada en las vías públicas convierte las calles en espacios más seguros. Acción concreta: la próxima vez que manejes, proponte ceder el paso al menos una vez, aunque tengas la preferencia. Descubrirás que la ciudad se vuelve más amable.
Un gesto sencillo cambia el ambiente de una colonia. Saludar de banqueta a banqueta o de carro a carro crea un sentido de comunidad que tanta falta hace. Cajeme ha sido históricamente una tierra de encuentro, donde el saludo cordial abre puertas al diálogo y reduce tensiones. Al recorrer el centro de Ciudad Obregón, me impresiona cómo un "buenos días" sincero puede transformar la actitud de un desconocido. Acción concreta: mañana, al salir de casa, dedica un saludo amable a las personas que encuentres. Ese hábito no cuesta nada y deja una huella duradera.
La educación vial, el civismo y la cortesía no deben quedarse en recuerdos de primaria ni en las mochilas cosidas por nuestras madres. Son hábitos que acompañan toda la vida. Si cada ciudadano de Cajeme aportara solo diez minutos de orden y cortesía al día, tendríamos un municipio más seguro y con mejor calidad de vida. Como sociedad, no necesitamos esperar a que regresen las antiguas escuelas de educación vial para rescatar esos valores: podemos reactivarlos desde hoy, con el ejemplo cotidiano.
Minirreto de la semana: prepara tu mochila, bolso o maletín la noche anterior y gana diez minutos de calma al día siguiente.
Un buen ciudadano no se improvisa: se construye con disciplina diaria, respeto en la calle y sonrisas compartidas. Cajeme merece que cada uno de nosotros dé ese paso.
Cada semana nos leeremos, en este mismo espacio.
Gracias estimado lector por leer esta columna.
A tus órdenes: NotasE@corporativoimpulso.com.mx
* Ciudadano, conferencista, desarrollador de emprendedores y consejero empresarial.