El tesoro al final del arcoíris

Hasta ahora encontré una manera de simplificar las cosas; li resumiré en pocas palabras...

Por: Jesús Huerta Suárez

He buscado durante mucho tiempo la forma para hacer que las cosas complicadas, como sería despertar la conciencia, sean sencillas. Ante tal intención, el de estar despierto, he recurrido a un sin número de actividades con tal de resolver mi cometido. Durante años consecutivos he asistido a pláticas de los gnósticos, con curas, chamanes, locos, ancianos, maestros, niños… con todo mundo.

He buscado pistas entre las líneas de cientos de libros. He estado en lugares inhóspitos, lo mismo que en lugares llenos de vida; he ido de la ceca a La Meca, del Cenit a Nadir, del norte al sur, y he hecho todo cuanto ha estado a mi alcance con tal de tratar de encontrar todo aquello que me servirá en mi propósito de ser más que un ser viviente; es decir, de ser un humano consciente de su existencia con propósito; consciente de la existencia del prójimo y de todo lo que está a nuestro alrededor.

He buscado y, es hasta ahora, que por fin encontré una manera de simplificar las cosas. Lo resumiré en pocas palabras: La mejor manera de llevar a cabo nuestra existencia es haciéndonos responsables de nosotros mismos.

Siendo responsables de nuestras acciones, de nuestra alimentación, de nuestros pensamientos, de nuestras obligaciones y de todas y cada una de las cosas que nos presenta nuestra vida diaria.

Ser responsables de lo que decimos y hacemos nos permitirá tener más control y más sencillez sobre el devenir de nuestra vida. Así de sencillo puede ser el estar conscientes, entonces nos daremos cuenta que la vida, más que sufrimiento y caos sin sentido, nos ofrece las respuestas a todas nuestras preguntas y las respuestas a todas nuestras necesidades.

Por otra parte, es muy sencillo darnos cuenta que, al parecer, la mayoría de las personas a nuestro alrededor no son responsables de su ser; tal parece que no se han dado cuenta que es necesario auto responsabilizarnos para entender, por ejemplo, que no debemos tirar basura; que hay que respetar los espacios de los demás, para respetarnos a nosotros mismos; para darnos cuenta que el tener hijos es una responsabilidad mucho más gratificante que unos minutos de placer; de que el ser ciudadanos nos obliga a participar en nuestra sociedad de alguna manera, y saber que es nuestra propia responsabilidad nutrir nuestro cuerpo y alma con palabras de sabiduría y con acciones solidarias. Hay que, pues, cultivarnos, de otra manera la vida nos parecerá absurda.

Así de fácil, para vivir una vida gratificante hay que comprometernos con  nosotros mismos; de nuestras acciones y pensamientos y, hasta entonces, comenzaremos a sentir que nuestra mente por fin nos estará permitiendo romper el cascarón y poder salir a enfrentar esta vida que tenemos, con los ojos bien abiertos, los brazos estirados, pero sobre todo, con el corazón contento y rebosante de afecto para regalar, ya que éste sería nuestro tesoro al final del arcoíris.

“Toda esa gente dice que te ama, toda esa gente dice que te odia y te vas, y te vas, confundiendo”

GUSTAVO CERATI