Corte Internacional: investigar genocidio en Gaza

Sudáfrica no es potencia económica, es una nación con una epopeya histórica contra el colonialismo; tiene moral para evocar lo mejor de la humanidad

Por: Alberto Vizcarra Ozuna

El mundo necesita recordar la frase "nunca más", acuñada por los heroicos sobrevivientes del gueto de Varsovia, para repudiar el genocidio del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La expresión parece encerrar un sentimiento de culpa y al mismo tiempo, un impulso moral –casi juramentado– de no volver a tolerar o permitir semejantes atrocidades contra el hombre y la humanidad. Desde entonces el "nunca más" aparece como un cuestionamiento moral, cuando se registran crímenes de lesa humanidad que incurren en acciones orientadas al exterminio de un pueblo o una raza.

Con un texto de 84 páginas, Sudáfrica izó la bandera del "nunca más", al presentar el 29 de diciembre del año pasado, una denuncia contra el Estado Israelí, acusándolo de estar llevando a cabo un genocidio sobre la población palestina en la franja de Gaza. La denuncia remitida a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), organismo de las Naciones Unidas, es un documento que contiene elementos poderosamente sólidos de que Israel práctica "un patrón de conducta genocida, con asesinatos en masa, desplazamientos forzados y daño físico o mental grave" sobre la población palestina.

Sudáfrica tuvo la valentía de recoger el sentimiento de un rechazo silencioso de la mayoría de los países del mundo, que después de los hechos terroristas del 7 de octubre, reivindicados por Hamas, permanecían atónitos observando la desproporcionada reacción del gobierno de Nethanyahu, que, con incursiones militares sobre la franja de Gaza y bombardeos sistemáticos, ha provocado la muerte de cerca de treinta mil palestinos, principalmente niños, mujeres y ancianos.

En poco menos de un mes, la CIJ resolvió por votación casi absoluta (15 a 2) establecer los protocolos de investigación pertinentes, ante la eventualidad de que pudieran estar en curso procedimientos genocidas perpetrados por las autoridades del Estado Israelí, al mismo tiempo que le pide a Israel "tomar todas las medidas posibles para prevenir que se produzca un genocidio" en el territorio palestino. Aunque la resolución de la CIJ, no tiene efectos legalmente vinculantes, esto es que obliguen a Israel a detener la masacre, el hecho tiene un fuerte impacto moral y político, pues pone al descubierto a los gobiernos de Estados Unidos, Londres y Alemania, que están operando como cómplices de los actos que la CIJ condena en su resolución.

La región y pueblos del Medio Oriente padecen las maldiciones de la geopolítica, que cobró fuerza desde principios del siglo pasado con los llamados acuerdos secretos de Sykes-Picot, a los que le dieron forma los intereses colonialistas de Francia e Inglaterra. Estos guiones se intensifican durante el periodo de la guerra fría y después de la creación del Estado Israelí en 1948, soportado en la resolución 181 de la Asamblea General de la ONU de 1947, que establece la partición de Palestina en un Estado judío y en un Estado árabe. Este reconocimiento formal nunca ha tenido consecuencias plenas para el pueblo palestino.

Al calor de la emergencia unipolar, que se propone un mundo basado en reglas diseñadas y acomodadas a los requerimientos de un sistema financiero occidental en crisis, se vuelven a encender las llamas en el Medio Oriente, con la intención de ampliar el conflicto involucrando a países, como Irán, para acentuar el arco de hostilidad en contra de Rusia y fomentar un proceso creciente de inestabilidad en toda la región árabe y asiática.

Los intereses financieros de occidente, con sede en Wall Street y Londres, no ven con buenos ojos la inclinación del mundo árabe hacia el agrupamiento de naciones que, bajo el acrónimo de Brics, procuran la creación de una nueva arquitectura financiera internacional, que reviva los mejores rasgos de los acuerdos de Bretton Woods, comprenda el desarrollo de los países del sur global y elimine toda forma de colonialismo basada en el apartheid tecnológico. Desarticular este impulso requiere de la inestabilidad y la guerra, y eso es lo que se induce con las incursiones criminales de Israel sobre la franja de Gaza.

Si bien Sudáfrica no es propiamente una potencia económica, sí es una nación contenida en una epopeya histórica en contra del colonialismo, dotada de la potencia moral para evocar lo mejor de la humanidad y lo mejor de las naciones en la tarea de detener el genocidio contra el pueblo palestino. Naciones como Sudáfrica tienen la personalidad de los hombres que hicieron posible la consolidación de su independencia y de una democracia anclada en el propósito de la justicia social. Se sobrepuso a los males y traumas del colonialismo, como Nelson Mandela superó el cautiverio de cerca de tres décadas en la prisión.

Ahora Sudáfrica, apoyada implícitamente en la plataforma de los Brics, como lo dijo Mandela en 1998, al firmar la Convención sobre el Genocidio, "extiende sus manos al Pueblo de Palestina con el pleno conocimiento de que forman parte de una sola humanidad", y lo hace sin dejar de recordar que "el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia", tal y como lo reconociera Martin Luther King.