Comencemos por entender a qué se refieren cuando hablan de campañas adelantadas
Por: Manuel Borbón
El modelo de campañas adelantadas que parece haber llegado para quedarse ha comenzado a ser materia de análisis en los distintos espacios de opinión política y en las mesas de comidilla debido a lo llamativo y, en muchos de los casos, molesto que resulta ser para algunos ciudadanos, quienes califican estos actos como poco benéficos.
Comencemos por entender a qué se refieren cuando hablan de campañas adelantadas. Como sabemos, por lo menos en el Estado de Sonora, cada tres años tenemos procesos electorales donde se definen cargos de elección popular tales como alcaldes, diputaciones, gobernador, entre otros, para lo cual todos los partidos políticos comienzan procesos de precampañas y campañas que, dependiendo del cargo, tienen una duración de cuarenta días a dos meses. En consecuencia, un modelo de campaña adelantada es todo aquel proceso que busque consolidar o posicionar a un candidato previo al proceso legal definido por las autoridades electorales.
Es importante mencionar que, a pesar de que este modelo se ha puesto de moda entre quienes buscan un cargo público, no es nada nuevo, ya que desde tiempos de Fox con su modelo de campaña "Amigos de Fox", hasta Andrés Manuel López Obrador, quien estuvo en campaña permanente prácticamente desde 2006 hasta su triunfo en 2018. Por lo tanto, me gustaría ahondar en los detalles que han hecho que este modelo anticipado se haya puesto de moda conforme al paso de los años.
Primero, las campañas se han acortado de manera significativa en prácticamente cada proceso electoral, ya que, en comparación con las elecciones presidenciales de 1994, celebradas el 21 de agosto, que daban inicio con el tradicional "destape" —por ejemplo, el de Colosio en noviembre del año previo—, estamos hablando de casi nueve meses de campaña para dar a conocer al candidato y sus propuestas.
Asimismo, además del tiempo, las campañas se han convertido en modelos cada vez más restrictivos en materia económica, de libertad de expresión y en otras limitaciones. Por último, el mercado electoral ha privilegiado al candidato más conocido por encima de otras cualidades que pudiera tener, por lo que la oferta de candidatos "populares" ha tendido al alza.
El conjunto de lo anterior ha provocado que los aspirantes a cargos públicos comiencen con mucha anticipación los procesos electorales en busca del voto, con ejemplos como los de la campaña presidencial de 2024, donde tanto por el oficialismo con su proceso de "corcholatas", como por la oposición con su modelo de "Frente Amplio", nos demuestran que este modelo solamente obedece a la demanda social de tener políticos, en teoría más conocidos y cercanos.
De igual forma, debemos reconocer que este modelo abierto, donde prácticamente hay "bateo libre" para todos, no es beneficioso en su mayoría, ya que puede provocar una competencia injusta, debido a que este modelo tiende a beneficiar a quienes están en el poder por los recursos que estos puedan tener a la mano y a relegar a quienes desde una posición externa desean ingresar al mismo. De igual manera, sin un orden y transparencia puede provocar que quienes ostentan un cargo terminen por distraerse de sus funciones.
Es debido a lo anterior que, en lugar de restringir más la politización, debemos comenzar a explorar modelos mucho más amplios y reglamentados en los que la ciudadanía tenga el derecho de conocer a sus candidatos a profundidad, tal como sucede en otras democracias con elecciones primarias, debates, foros y más, lo cual podría ser la respuesta para dar orden a un proceso natural que el mercado electoral actual exige.
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