Ante los tiempos en el sur

Agricultura y falta de agua

Por: Gerardo Armenta

De alguna manera, el signo de los tiempos de hoy, por más optimista que resulte la visión con que se le aborde, no resulta precisamente alentador en más de uno o varios sentidos. Tal es la singularidad, quizá un poco extrema o fatalista, con que es común acercarse a una realidad general como la que está en curso, a veces con más desaliento que júbilo. Hablar de crisis podría ser reiterativo y a veces, quizá, hasta un tanto exagerado, aunque no del todo.

Al final, sin embargo, las evidencias de la crisis, muchas veces sin acercar a un desconsuelo total, tienen, por cierto, un lenguaje propio con singularidades que es preciso atender. El riesgo de enfrentar un esquema así, estriba en resultar presa del desconsuelo o la desesperación, o de uno y otra en un mismo abrazo, lo que sin, duda, representarían palabras mayores, como usualmente significan.

En una coyuntura con esta colaboración, quien se acerque a la lectura de un periódico como el que tiene en sus manos, podría tomar nota de un encabezado como el siguiente: "Casi seca la Mocúzari". La información respectiva no deja lugar a dudas al señalar que, por ejemplo, los niveles de agua en la Presa Mocúzari empiezan a reducirse con el paso del ciclo agrícola. La Presa almacena 47 millones de metros cúbicos. Pero hay una evidencia en la que vale detenerse: una proyección señala que es posible que apenas queden poco más de 15 millones de su volumen total al terminar las extracciones. Éstas culminan a principios de marzo.

Los datos anteriores fueron proporcionados por Luis Gerardo Villalobos, presidente del Consejo de Administración del Distrito de Riego del Río Mayo. Dijo que se estima que la Presa no quede totalmente seca. Pero sí con volúmenes "muy bajos". Confió en una "pronta llegada de lluvias". De este modo, la Presa podría tener una recuperación los próximos meses.

Como siempre, los hechos son como son. Una prueba más al respecto: en virtud de la sequía imperante, el actual ciclo agrícola no llegó "ni a las 50 mil hectáreas" de las 220 mil que se siembran en el Valle del Yaqui. De este modo, también vale señalar que, aunque se recupere el almacenamiento en las Presas, se tiene que promover la siembra con poca demanda de agua como cártamo, canola, garbanzo y frijol. Así lo dijo Adolfo Banda Duarte, presidente de la Unión de Sociedades de Producción Rural del Sur de Sonora (Uspruss).

Una explicación como la anterior deja en claro, sin mayores averiguaciones, que debe iniciar la siembra de cultivos que no requieran mucha agua. Tal sería una forma de que el quehacer agrícola quede a salvo de contratiempos generados por el clima como son los que se enfrentan hoy en el campo. "Tenemos que mantener niveles altos en las Presas para no volver a pasar lo que estamos padeciendo ahora", dijo Banda Duarte. Su afirmación reviste plena certeza. En otras palabras, la opción del cambio de cultivos parece estar en la base de sus planteamientos.

El tema agrícola es fundamental en una región como la propia del sur de la Entidad. No parecería que tuviera espacio una discusión que señale lo contrario. En más de un sentido, la agricultura ha sido y es en esta parte territorial un modo de ser, una cultura existencial. Su arraigo es más que notorio. Por eso también tiene que llamar la atención un esquema como el que a continuación se aborda.

En un trabajo periodístico reciente, quedó claro que el sur de Sonora vive hoy uno de sus años más atípicos por causa de la sequía. Ciertamente, la falta de agua ha paralizado regionalmente hasta un 60% del ciclo agrícola. El campo no es el único sector sureño que se ha visto afectado por esta situación.

El transporte y el comercio también han registrado afectaciones. Incluso, hasta entre los vendedores ambulantes se ha resentido el daño colateral por la falta de circulante económico que afecta a muchas familias. Las ventas en el comercio han disminuido entre un 40 y 60 por ciento para algunos establecimientos. El desempleo ha afectado a la presencia de compradores en el comercio local. En el Centro de Navojoa no hay la misma afluencia de clientela que en otros tiempos.

Y todo esto se debe a la falta de empleo que se vive por la crisis agrícola, definió Ramón Talamante, líder de la Unión de Taxistas de Navojoa. Planteó que la situación de hoy está muy difícil e hizo una enumeración para que no quedara ninguna duda: Falta de agua, no hay agricultura, ganadería en crisis y, para rematar, en la ciudad casi no hay circulante. Sin duda, tal parecería un momento crítico y difícil en esta parte del país. Y todo esencialmente por una ambientación singularizada por la falta de agua que ha venido a perjudicar a un quehacer de primer orden como el propio de la agricultura.

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