Es un producto que requiere alta cantidad de agua provocando un déficit hídrico
Por: César Leyva
El cultivo ilegal de aguacate en Michoacán se ha convertido en uno de los principales problemas ambientales del estado, debido a su expansión desordenada y sin regulación sobre ecosistemas forestales clave.
México es el principal productor y exportador de aguacate a nivel mundial. Desde 2012, la producción supera el millón 300 mil toneladas anuales y se extiende a 28 estados, aunque Michoacán concentra casi la mitad de la producción nacional y alrededor del 30% del mercado mundial.
Este éxito económico ha impulsado la transformación de grandes superficies de ecosistemas naturales en huertas de aguacate, muchas de ellas establecidas de manera ilegal.
ASÍ ES EL IMPACTO AMBIENTAL DEL CULTIVO NO REGULADO
De acuerdo con especialistas de la UNAM, gran parte de estos plantíos se desarrolla sin planeación territorial ni supervisión, ocupando zonas boscosas fundamentales para la captación de agua y la regulación ambiental.
A diferencia de los bosques, el aguacate consume grandes cantidades de agua y no cumple funciones ecológicas equivalentes, lo que ha provocado un déficit hídrico creciente.
Además, las prácticas agrícolas intensivas generan degradación del suelo. La eliminación de la cobertura vegetal favorece la erosión, mientras que el uso excesivo de fertilizantes y pesticidas provoca la infiltración de nutrientes y contaminantes en los mantos acuíferos.
Esta situación ya tiene consecuencias visibles en lagos y presas cercanas, como Pátzcuaro y Zirahuén, donde se registra contaminación, proliferación de lirio acuático y pérdida de productividad.
RENTABILIDAD CON ALTO COSTO PARA EL ECOSISTEMA
Aunque la ley prohíbe el cambio de uso de suelo, la falta de recursos institucionales ha impedido frenar la tala ilegal y el desmonte forestal. Si bien el cultivo de aguacate genera empleo y crecimiento económico, incluso superando ingresos del petróleo y remesas en años recientes, el costo ambiental es alto.
Los especialistas señalan que la expansión ilegal del aguacate en Michoacán ha provocado erosión, contaminación, sobreexplotación del agua y riesgo de desertificación y que de continuar esta tendencia, la región enfrentará una grave crisis hídrica cuyas consecuencias ambientales serán difíciles de revertir a largo plazo.