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Los amantes

Mi pobre amigo, ese con el que diariamente me encuentro en el espejo, me contó que estuvo diez días viviendo lejos de aquí, y que durante ese tiempo se sintió morir, pues estuvo alejado de su amada amante. Amante que hasta la fecha sólo ha sido para un amor clandestino, aunque, para algunos, la suya, es una pasión pública.

La separación no fue por mucho tiempo, pero dice que sólo le bastaron unos segundos para extrañar a quien no sabía amaba tanto. Sus manos estaban entumidas por esas noches sin caricias. Y cuenta que su mente se comenzó a enfermar, pues ya no tenía más esas chispas de gracia, esos brillos divinos, que se encuentran cuando ves a la gente y al mundo con la mirada del entendimiento. Su cuerpo comenzó a enfriarse como el de un muerto.

Jesús Huerta Suárez
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Los ojos estaban pegados por las lagañas que doscientas cuarenta horas de estar dormido suelen dejar. Su boca, sin besar, se comenzó a enmohecer. En sí, su apariencia no era nada agradable, y todo por estar lejos de su amada amante.

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Dice que en esos días descubrió que, el querer, si no se practica, se olvida. Lo mismo que tener una mente ociosa, provoca un gris en el alma. Tan es así que, la distancia, le hizo olvidar todas aquellas cosas que antes le solían extasiar: un atardecer, la lluvia, los juegos de niños, los olores de la cocina, las canciones, en fin, todo cuanto la vida nos ha regalado.

Pero un día, mi amigo dijo hasta aquí y salió a buscar de nuevo a su musa. Sabía que iba a ser difícil encontrar de nuevo la inspiración, pero estaba seguro que en algún lugar del vasto desierto lo habría de esperar. Anduvo por muchos caminos hasta casi perder la vida. Prometió a los dioses del Olimpo mil y una veces que si le devolvían a su amante haría todo lo posible por purificar su alma, con tal de enaltecer su gran amor y poder un día cosechar los mejores frutos a los que unos simples mortales pueden aspirar.

Los amantes se reencontraron una tarde de domingo. No necesitaron palabras para decirse lo mucho que se querían; dejaron que el tiempo corriera, pues sabían que la vida era eterna.

"No te aferres, nada es para siempre excepto el cielo y la tierra" Kansas

Jesushuerta3000@hotmail.com