Inequidad de género, un costo que América Latina no puede permitirse

Los negocios se benefician cuando aprovechan al máximo la diversidad de perspectivas y experiencia que aportan las mujeres. Quizás esto es más válido en América Latina y el Caribe, donde es imperativo incursionar en la diversidad de género en posiciones de liderazgo si la región quiere alcanzar su pleno potencial.


Según el Informe sobre la Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial, tomará 74 años lograr la igualdad de género en América Latina y el Caribe. Las mujeres representan apenas cerca de 10 por ciento de los presidentes de consejos en esta región, por debajo de la cifra mundial de 15 po4 fi4n6o por ciento. Por otro lado, un estudio reciente de Egon Zehnder, una firma global de consultoría de gestión y búsqueda de ejecutivos, encontró que casi 50 por ciento de las compañías que cotizan en bolsa en Brasil, Chile, Colombia y México no cuentan con mujeres en sus consejos. Estas brechas representan un costo de oportunidad real para la región, un costo que América Latina y el Caribe no pueden permitirse.



Los negocios funcionan mejor con equipos de liderazgo en los que hay diversidad de género. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo de 2016, que abarca más de 7 mil compañías que cotizan en bolsa en América Latina y el Caribe, reveló que las firmas que cuentan con mujeres en sus consejos o que ostentan cargos ejecutivos son más rentables que aquellas en las que están conformados únicamente por hombres. Otro estudio, de la consultora de administración estratégica McKinsey & Company, publicado en 2013, llegó a conclusiones similares. El informe analizó 345 compañías que cotizan en bolsa en seis países latinoamericanos: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. La investigación reveló que invertir en la diversidad de género de un consejo conduce a un mejor desempeño financiero; los negocios alcanzan, en promedio, un incremento mayor de 44 por ciento en los ingresos netos y 15 por ciento en la rentabilidad.



Hallazgos como estos son consistentes en todo el mundo. Los estudios de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), organización del Grupo Banco Mundial enfocada al desarrollo del sector privado en mercados emergentes, ha generado resultados similares: las compañías con equidad de género en los niveles más altos evidencian un desempeño financiero más fuerte. Los negocios con equidad de género tienden a enfatizar la innovación, a poner en marcha controles internos más estrictos, a comprometerse con estándares ambientales, sociales y de gobierno más fuertes; demuestran un menor riesgo de fraude, de abuso de información privilegiada y de otras violaciones éticas. Y cuando los negocios funcionan mejor, generan propuestas que crean puestos de trabajo, invierten en innovación, promueven la oportunidad económica y alimentan el desarrollo.



Basta con observar los perfiles de las 20 mujeres que aparecen en la publicación Trailblazers – Portraits of Female Leadership in Emerging and Frontier Markets. Los cambios defendidos por cuatro de estas pioneras están contribuyendo a mejorar la equidad de género en América Latina y el Caribe. Como presidenta del Consejo Privado de Competitividad y miembro independiente de los consejos del Grupo Argos, la empresaria colombiana Rosario Córdoba Garcés utiliza su gran prestigio en círculos de negocios y reguladores para abogar por reformas en el sector privado que estimulen una nueva actividad económica. El enfoque de la contratación centrado en la diversidad y sin preferencias de género de la argentina Andrea Grobocopatel ayudó a impulsar a Los Grobo, el conglomerado agroindustrial familiar del que es cofundadora, a su posición líder en el mercado. Como inversionista ángel (inversor independiente orientado a startups) y presidenta del Consejo de Neemu Internet SA, el mayor motor de búsqueda de comercio electrónico en Brasil, Ana Paula Pessoa supervisó la expansión de la compañía y su eventual venta en 30 millones de dólares. La panameña Sigrid Simons de Müller ayudó a redactar una nueva ley de gran alcance que exige una representación de 30 por ciento de mujeres en los consejos de las compañías que cotizan en bolsa, en las instituciones del gobierno, organismos reguladores e intermediarios financieros.