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Resulta verdaderamente preocupante el hecho de que ahora algunos miembros de la Tribu Yaqui hayan decidido invadir un rancho particular y tener en la mira los de otros ganaderos reconocidos de la región, así como ejidos alrededor de la presa Oviáchic.

Atando cabos, como dijeran por ahí, no es casualidad que de pronto a algunos de los indígenas se les haya ocurrido “recuperar” lo que por años no les han pagado por el paso de la carretera, del gasoducto Yaqui-Guaymas, las líneas de Teléfonos de México, los ductos de Pemex y otra infraestructura que atraviesa su territorio.

De que hay una deuda histórica con los originarios de esta región, sin duda. Y tiene que resarcirse cada compromiso que por años se ha quedado en los archivos del gobierno o de particulares sin cumplirse. Ya basta de que a costillas de los recursos naturales propiedad de la Tribu Yaqui, muchos yoris poderosos de la región sigan aumentando su caudal económico mientras los indígenas carecen hasta de lo mas indispensable.

Por eso no se vale que haya gente interesada en que los acuerdos entre las verdaderas autoridades yaquis y el gobierno federal se vean quebrantados para seguir manteniendo los privilegios de unos cuantos.

Y en ese afán por defender los intereses de los yoris por encima de los derechos de los yoremes, están involucrados, como se percibe, desde funcionarios públicos hasta directivos de la Sociedad de Usuarios del Distrito de Riego y gente con poder económico que pretende mantener a la etnia sin desarrollo para que siempre se vean obligados a depender de ellos.

Otra situación poco normal es la cacareada “visita” de la activista rijosa Petra Santos, a la cual le adjudican extraños superpoderes como el de cimbrar a Sonora en una conferencia de prensa que brindará este día a partir de las 11 de la mañana.

“El epicentro ideológico-político tomará lugar en Ciudad Obregón”, anuncian los promotores de este encuentro de la dirigente con los medios.

En verdad, muchos han manifestado su preocupación de que esta exageración promocional no sea similar a la vivida con los líderes campesinos que vinieron a Sonora con mensajes presidenciales sobre la expropiación de 1976. Ojalá y no. El horno no está para bollos.

Así como se pide respeto para los recursos naturales de la Tribu Yaqui, también debe brindarse al patrimonio de quienes por años han trabajado en la conquista de mejores niveles de vida para ellos y sus familias.

No están los tiempos para acciones populistas que solamente pretenden mantener niveles de popularidad rumbo a los procesos electorales, pero con una carga negativa en materia social.

Hoy mas que nunca hay que exigir a los gobiernos de los tres niveles que le bajen tres rayitas a sus intentonas de controlar los procesos internos de la Tribu Yaqui.

Lo importante aquí es cumplir los añejos compromisos históricos con los indígenas, pero en un marco legal transparente, sin afanes de cumplimiento de una agenda de lo que bien podría llamarse una rancia izquierda que nunca ha servido para romper desigualdades sino únicamente quitarles a unos para darle a otros.

Eso no es justicia social.

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