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El gobierno de Sonora acaba de anunciar que la producción del nuevo modelo Bronco, de la Ford en Hermosillo, será una nueva inyección de vitaminas a la economía estatal.

Así como en su momento el arribo de la ensambladora internacional, aproximadamente en 1986, causó en Hermosillo un notable despegue en su dinámica productiva, de igual manera tendrá que festinarse la ampliación de sus líneas de ensamble porque eso representará la apertura de mejores empleos en la capital.

Producir las proyectadas 160 mil unidades de la línea Bronco a partir del año entrante significa la contratación de mano de obra calificada que debe ser aprovechada a cabalidad.

Según las autoridades, para arribar a esta nueva etapa de la compañía, se invirtieron más de mil millones de dólares en las instalaciones de la planta Ford y más de 350 millones de dólares de sus proveedoras.

Pero, además, como se ha dicho ya, “desde su instalación en 1986 la planta ha sido un símbolo de calidad e innovación. Fue la primera en el país en producir vehículos de lujo al introducir en 2012 la producción de Lincoln MKZ, y es la única en producir vehículos híbridos, lo que es una muestra de la confianza de la compañía por apostar en ingeniería y mano de obra de alta calidad como la mexicana”.

Cada año desde 2012 cuando Fusion y Lincoln MKZ comenzaron a producirse en Hermosillo, se han exportado un promedio de 260 mil y 38 mil modelos, respectivamente, hacia Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica, Corea, Medio Oriente, Así-Pacífico y África, según se desprende de los promocionales de la compañía.

Con ello, México se ha convertido en el cuarto productor de vehículos para la compañía pues se le suma la fabricación del modelo Fiesta en Cuautitlán.

Es importante para el gobierno de Claudia Pavlovich Arellano que este anuncio se haga justo cuando los efectos de la pandemia se vislumbran a corto plazo y pudieran golpear bastante fuerte los cimientos financieros de la entidad con el aumento paralelo de la pobreza extrema.

Pero, como siempre existe uno, habría que pedir a las autoridades que triunfos de esta naturaleza sean compartidos. Es decir que no solamente se fortalezcan zonas como Hermosillo sino que el sur de Sonora también se vea beneficiado con proyectos de esta envergadura.

No se puede seguir dependiendo en esta región de la siembra del trigo o de empleos mal pagados en las actuales maquiladoras textiles, por ejemplo, que tan mal tratan a sus trabajadores.

Si bien una empresa francesa del ramo aeronáutico ha incursionado a Ciudad Obregón, la consolidación industrial de esta zona se ve muy lejana, sobre todo porque se está luchando contra una enana mentalidad que ve en el sembrar y cosechar cereal la única alternativa para crecer, pero sin caer en cuenta que cada vez es menos redituable esa acción.

La reconversión de los valles del Yaqui y Mayo no se dará mientras los agricultores que pueden invertir en el valor agregado de su producción se abstengan de hacerlo si el gobierno no les aporta recursos, como en los viejos tiempos del paternalismo echeverrista.

Los promotores económicos de esta región deben sumar esfuerzos con el gobierno estatal para que grandes proyectos industriales vean como alternativa establecerse en una zona donde hay agua y mano de obra suficiente para la producción.

A menos que el castigo económico y político hacia esta zona se quiera mantener, como sucede desde hace varios sexenios.

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