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Desde hace más de 100 días en Sonora no se celebra una misa católica de manera presencial, lo cual es frustrante para los sacerdotes, quienes están hechos para servir y ayudar a la gente, dijo el presbítero Rolando Caballero Navarro.

Michel Inzunza

El no poder participar de los sacramentos y acompañar a los feligreses causa tristeza, indicó el vocero de la Diócesis de Ciudad Obregón.

Por lo que relata, al igual que el resto de los sectores, la Iglesia mantiene la esperanza de que en poco tiempo se normalicen las actividades y con ello se reabran los templos.

El fin de un sacerdote es ayudar a las personas a caminar en fe y para no interrumpir su ministerio a causa de la nueva normalidad, hoy nos apoyamos con el uso de las redes sociales, indicó.

El servicio que brindan es el mismo pero esta vez de manera diferente, pues la celebración de la misa es virtual, informó, sólo en el caso de los difuntos se permite a los feligreses acudir afuera del templo para bendecir el cuerpo desde la puerta.

A través de Facebook se hacen rezos, se transmite la celebración de la misa y la Hora Santa, relató, por teléfono también se atienden a los parroquianos.

“Muchos hablan para pedir consolación. -Nos dicen, padre tengo este problema, hacemos oración- esa también es nuestra labor, estar con la gente, ser solidarios, orientar, escuchar y rezar juntos”, expresó.

Por su parte, Juan Manuel García Gil, primer anciano de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, coincidió en que hay tristeza y dolor por el hecho de no poder congregarse.

En el caso de los adventistas solemos reunirnos presencialmente dos veces a la semana, dijo, actualmente nos unimos a través de las redes sociales, pero hace falta ese momento en el que juntos comulgamos con Dios.

Para nuestra iglesia esta pandemia es un momento álgido en el que debemos tener presencia social y no descuidar la labor altruista encaminada hacia los grupos vulnerables.

Como adventistas tenemos un programa que se llama “Tareando”, en el que de lunes a jueves brindamos apoyo a estudiantes de primaria de escasos recursos, les proporcionamos un alimento y los ayudamos en su desarrollo escolar, indicó.

Pero debido al confinamiento se optó por llevar una despensa a los padres de familia de esos pequeños y si se requiere auxiliar a otras personas, estamos dispuestos a hacerlo, dijo.

LA NUEVA NORMALIDAD EN LA RELIGIÓN

Para el padre Rolando Caballero, antes de volver a los templos se debe preparar y concientizar a la gente, contar con los equipos de higiene necesarios, facilitar el orden y cumplir con una serie de protocolos que dictan las autoridades sanitarias.

Parte de los nuevos lineamientos dentro de los templos será el uso de cubrebocas, gel antibacterial, evitar el saludo de paz, dar la comunión en la mano y guardar la sana distancia, dijo.

Juan Manuel García es médico de profesión y asegura que una vez que se abran a la comunidad las puertas del templo adventista, estarán al pendiente de que se sigan las medidas de salud.

Sobre si era congruente cerrar o mantener los templos abiertos, tal y como lo hicieron otras religiones alrededor del mundo, dijo que los adventistas creen que se debe apoyar los esfuerzos de los gobiernos para combatir la pandemia.

“Dios es de orden, como adventistas debemos acatar y rendir obediencia a quien gobierna. No debemos dar un mal testimonio, hay que recordar que Jesús pagó impuestos. Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, expresó.

FE Y ORACIÓN VS CORONAVIRUS

Para el líder de la comunidad adventista existe una fuerte relación entre la ciencia y la fe, incluso está documentado.

Como devoto estoy convencido en el poder de la oración: “La oración eficaz del justo puede mucho (Santiago 5:16). Como adventistas creemos que mediante ella Dios intercede por nosotros”, dijo.

Desde el punto de vista científico hay trabajos publicados por la universidad de Harvard -una de las más reacias a la fe y a los asuntos de Dios- que demuestran que la oración disminuye los ingresos intrahospitalarios, los tiempos de periodo de enfermedad y el uso de analgésicos, dijo.

La oración está asociada a la liberación de endorfinas y otras sustancias que produce nuestro cuerpo de manera natural y que se generan cuando se tiene fe, mencionó.

Pero el hacer oración también tiene que ver con un estilo de vida ordenado, pues quienes recurren a esta práctica respetan sus horarios de sueño, no consumen sustancias dañinas para el cuerpo y realizan otras actividades benéficas para la salud, indicó.

En el libro “Ministerio de Curación”, de Ellen G. White, se habla de ocho remedios naturales para sanar cualquier problema físico o espiritual: dieta balanceada, no consumir drogas, confianza en Dios, que es el practicar la oración, mencionó.

Otro estudio realizado por la Universidad Adventista de Loma Linda, California, nos habla de las cinco poblaciones más longevas del mundo, entre las que se encuentran asentamientos adventistas veganos y no veganos, indicó.

“Innegablemente la oración tiene una cuestión milagrosa. Hemos visto casos increíbles, pero Dios exige una respuesta de nuestra parte. No se trata sólo del poder de la sangre de Cristo, no es un talismán”, expresó.

Sobre las afectaciones que traerá la pandemia a nuestra vida y el fallecimiento de seres queridos, mencionó que en el camino quedarán sembrados amigos, hermanos y otros familiares, sin embargo, hay una promesa de resurrección.

“Recordemos como Satán acechó a Job con enfermedades y que el mismo Jesús padeció la muerte en la cruz, aun cuando su padre Dios escuchaba su clamor”, expresó.

Para el presbítero Rolando Caballero, la pandemia no está alejada del creador, pues cualquier problema, aflicción, dolor, sufrimiento y epidemia tiene un sentido espiritual.

“Nada se mueve sin la voluntad de Dios. No se trata de un castigo divino, pero a veces es consecuencia de nuestro obrar y Dios permite, aunque a veces no entendemos. Desde el dolor nos ayuda y nos consuela como un Padre”, expresó.

Los tiempos actuales nos remontan al Antiguo Testamento, cuando el pueblo se revelaba, adoraba, veneraba ídolos y se apartaba del Señor, dijo, hoy como cristianos y personas en fe podemos reflexionar en muchos aspectos de nuestra vida que no están correctos.

Por ejemplo, habíamos descuidad la convivencia familiar y causado un gran daño a la naturaleza –que hoy ya se recupera-, también se despertó en muchos de nosotros un sentimiento de solidaridad hacia el prójimo, mencionó.

De repente en nuestra sociedad el proyecto de alegría se vio truncado por avaricias, egoísmos y conductas que no son correctas, indicó, la ola de violencia que se vive en la región es uno de esos comportamientos.

“La pandemia por coronavirus nos ha hecho vulnerables y es entonces que nos preguntamos, a quién acudimos y en quién podemos poner nuestra confianza, la respuesta es Dios”, expresó.

Es por ello que en estos tiempos es cuando más debemos fortalecer la fe en Dios, mencionó, la invitación es no decaer en la oración, sobre todo a la Virgen Santísima, perseverar y eso moverá el corazón del Señor.

En cuestiones terrenales, el Covid-19 ha golpeado en lo económico a la Iglesia Católica, al grado de que en los próximos meses –julio y agosto-, algunos templos pudieran declararse en bancarrota.

La Iglesia se mantiene del culto y al no permitir la labor de evangelización no se tiene entrada para los gastos ordinarios, aun así se pagan sueldos a los empleados.

Algunas parroquias han logrado mantenerse de pequeños donativos, pero hay templos muy pobres, principalmente las zonas rurales, en donde la afectación es mayor.