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Si los caminos del Valle del Yaqui trazados como salida para los camiones de carga rumbo a la carretera de cuatro carriles fueran seguros, es decir exentos de delincuentes y de baches, nadie necesitaría pasar por las calles Sufragio y Jalisco.

El argumento ese de que “destrozan” las calles de la ciudad ya no es válido porque precisamente las especificaciones de las dos vías complementarias de la carretera federal fueron construidas en base a lineamientos para soportar a esos autos tan pesados.

Las autoridades municipales quieren obligar, sin fundamento legal, a los transportistas a irse por el caro libramiento, pero no he oído una sola palabra del Presidente Municipal de que va a gestionar la desaparición de las casetas por las cuales también se cobra y con mayor razón si se ha utilizado el camino que sale del ejido Henequén y desemboca en zonas cercanas al río Yaqui.

Si lo que quieren es hacerla la chamba a Capufe para que haya ingresos por el libramiento, pues tan sencillo como que hagan negociaciones para que parte de esos recursos ingresen a las arcas municipales y ayuden a la depauperada situación financiera del Ayuntamiento.

Extraña que las autoridades de hoy, que ayer salían a las calles con el puño izquierdo en alto para solicitar la desaparición de las casetas de cobro, hoy se vean tan sumisas y acepten tantos pagos de los automovilistas a su paso de Estación Don a Nogales sin que exista una vía alterna para eludir esos sitios de peaje.

En otras entidades, como Sinaloa la más cercana, se tiene una muy buena carretera alterna para evitar el pago en la autopista, también muy cara, por cierto.

Lo primero que tienen que hacer las huestes municipales es quitarle el colmillo a tanto agente de Tránsito que solamente ve en los camioneros y turistas una caja registradora.

Eso de que los policías se la lleven pidiendo para el desayuno a los automovilistas como que da una mala imagen a la ciudad y, en consecuencia, demerita cualquier asomo de moralidad del que las autoridades locales quieran hacer uso para afrontar el reto de ser buenos anfitriones.

Otros “tránsitos” que no gozan de buena fama son los de Navojoa, a quienes los agentes federales han visto llevar a algunos automovilistas a algunas casas para ahí despojarlos de dinero u otros bienes.

“Que pongan las denuncias”, dicen los jefes de esos corruptos agentes como una pueril y estéril defensa de hechos por demás condenables.

Lo que el turista o camionero desea es seguir su viaje y no andar enredados en vueltas de denuncias penales que pudieran ser solapadas por otras instancias y al final el denunciante pudiera salir crucificado cuando lo único que pedía era respeto a su derecho de libre tránsito.

Se han convertido en candiles de la calle y oscuridad de sus casas porque a los traileros si les piden que se apeguen a la ley, pero los desvíos de recursos de la Central Camionera u Oomapasc ni siquiera voltean a verlos.

No vaya a ser que se les voltee el chirrión por el palito.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx