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MAURICIO FLORES

A horas de encenderse en verde el semáforo para las actividades productivas, es más notoria la ausencia de un plan del Gobierno Federal para evitar una pronunciada caída económica y pérdida de millones de empleos tal y como pronosticó Banco de México que encabeza Alejandro Díaz de León, ya que los estímulos fiscales en México para enfrentar la crisis desencadenada por el Covid-19 son los más pequeños en el mundo al representar menos del 1% del PIB.

Del Domingo de Ramos a la fecha en nada ha cambiado el modelo de mini créditos, becas, apoyos y otros programas asistenciales del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador; bajo el argumento de que “no queremos otro Fobaproa”, el presidente rechazó todos y cada una de las 68 propuestas presentadas por el CCE, Concamin y Canacintra representadas por Carlos Salazar, Francisco Cervantes y Enoch Castellanos.

Hoy los empresarios recurren a esquemas propios, como el de cadenas productivas con factoraje del BID que realizó el Consejo Mexicano de Negocios que encabeza Antonio del Valle, y establecen alianzas con 18 gobiernos estatales para evitar una quiebra masiva de Pymes… pero también enfrentan hostilidades oficiales, como la pretensión de CFE, a cargo de Manuel Bartlett, para desplazar a los generadores privados de energía limpia.

La apuesta oficial fue la de aplazar lo más posible la aplicación las medidas de distanciamiento para, supuestamente, evitar un colapso económico. La apuesta fracasó tanto como los pronósticos del subsecretario Hugo López Gatell (sus bases de datos carecieron de suficiente información) y los pronósticos independentes, como los del MIT, calculan que un escenario medio para septiembre próximo es de 20 millones de contagiados y 130 mil muertos; no se salvó la salud, pero tampoco la economía pues se estima que costará 6 años recuperar los puestos de trabajo perdidos en 2020.

Sin alivio fiscal (incluso se hizo lenta la devolución de IVA) y un pobre apoyo de la Banca de desarrollo (sólo 1.5% de las empresas tuvo respaldo de los Bancos del estado), empleadores y empleados regresan a una extraña normalidad… la única solución oficial hasta ahora ofrecida.

TELEVISA, BESOS LIMPIOS

Y precisamente, ante la reapertura económica, la mayoría de las grandes empresas ya tienen listas estrictas medidas sanitarias: nadie quiere arriesgarse a que un brote de coronavirus obligue a otro doloroso paro de actividades. Destaca, en el sector de la radiodifusión, el detallado documento de Televisa, que encabeza Emilio Azcárraga, donde plasma medidas como tapetes especiales en la estrada de los foros, exámenes para descartar Covid-19, sanitización de foros y camerinos, y reducción del equipo de producción durante la grabación de programas… e incluso ajustes en los libretos para evitar contacto de riesgo entre su elenco. Así esta nueva realidad en pandemia en la que hasta los guionistas deberán contemplar la sana distancia. Ni modo.

CAABSA, ASAMBLEA OHL

Tras la compra que los hermanos Luis y Mauricio Amodio hicieron del 16% de las acciones de OHL a la familia Villar Mir (y la opción de compra irrenunciable de otro 9%) se presentan varios retos a los empresarios mexicanos: en la junta de accionistas convocada para el 15 de junio en Madrid se podrían anunciar los primeros cambios en el consejo de administración de OHL… lo cual será una señal clave para inversionistas, acreedores y gobiernos para los cuales el apellido Villar-Mir es una marca políticamente peligrosa independientemente de los trabajos que esa constructora tiene en Europa, en Estados Unidos, Chile, Colombia y Uruguay.

mflores37@yahoo.es

@mfloresarellano