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Según nos ilustra el ingeniero Emilio Borbón Willis, del puritito Valle del Mayo, la pretensión oficialista de evaluar el coeficiente económico anual del país en base al bienestar de la población, es mejor que a través del llamado Producto Interno Bruto que por años ha sido el parámetro empleado en el mundo.

Y lo sustenta en un argumento que, a simple vista, es fundamental: cómo explicar que en un país con 50 millones de pobres, aproximadamente, también se cuente con uno de los hombres más ricos del mundo.

De hecho, según se ha dicho, no son más de 15 familias las que en este país concentran la riqueza nacional y el resto somos los asalariados.

Eso significa, sostiene, que esa suma de recursos proveniente de bienes y servicios, incluyendo importaciones y exportaciones de un país, comúnmente llamado PIB, no se está midiendo de manera real.

Y nos brinda un ejemplo:

Un ejido regional cuenta con mil hectáreas, pero tiene rentadas 900, que el inversionista pagó a cinco mil pesos por hectárea. En la cosecha, levantó un promedio de seis toneladas de trigo por hectárea, es decir produjo cinco mil 400 toneladas que vendió a cinco mil pesos una y recaudó un total de 27 millones de pesos.

Pagó cuatro millones 500 mil pesos de renta, mas doce millones de pesos de costos de producción, que hacen un total de gastos de 16 millones 500 mil pesos. Le queda una utilidad de 10 millones 500 mil pesos.

Con la forma de calcular el PIB actual, si nos referimos al ejido San Pedro, por ejemplo, con cinco hectáreas de dotación de su tierra, serían 180 los ejidatarios beneficiados, a los que les correspondería un beneficio de 58 mil 333 pesos de utilidad, cuando realmente lo único que recibió fue un ingreso de 25 mil pesos de renta por sus cinco hectáreas, sin utilidad alguna.

Es por ello, sostiene, que el gobierno federal pretende mejor medir el bienestar de la gente en base a su felicidad y no el PIB que por años en el mundo se ha utilizado.

Será difícil hacer cambiar de opinión a quienes piensan de ese modo o simpatizan con el viejo método.

Así que ya veremos si este experimento, en principio, es aplicado por el gobierno de la Cuarta Transformación y, en consecuencia, si los mexicanos se lanzarán a las calles a bailar cumbia, de tan felices que andan.

 

EN CAMPAÑA

Los “estrategas” de la comunicación de Sergio Pablo Mariscal Alvarado, que no su equipo de Comunicación Social, andan ahora de encuestadores midiendo simpatías por aquí y por allá.

Y para ellos, según sus sondeos, los ganadores son aquellos políticos que, aprovechando la pandemia, se han dedicado a repartir despensas no como un gesto de solidaridad sino como un acto de propaganda rumbo a 2021.

Andan mal y de malas porque cualquiera, con una visión amplia, puede interponer una demanda ante las instancias electorales porque incluso funcionarios públicos como el Director de Acción Cívica, Fernando González, se ha enrolado en ese peligroso desafío a las normas que marcan para meses adelante el inicio del proceso electoral.

¡Qué desesperados están porque sus “gallos” simplemente han sido desplumados de antemano! Es tiempo de que alguien los haga entrar en cordura antes de que el barco se les hunda.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx