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Lo que faltaba: en medio de la pandemia, Sonora se ha convertido en un cuadrilátero de boxeo.

Sobran las acusaciones verdes, azules, rojas, guindas y de todos los demás colores del arcoíris político.

Y todo, por causa de una reforma electoral que tiene sus adeptos y sus detractores.

Suena poco creíble que la fracción parlamentaria de Morena y sus aliados para llegar al poder hayan sido, de nuevo, “chamaqueados” a la hora de que fue avanzando el proyecto de reforma.

Lo cierto es que se llaman víctimas de este paso porque, según ellos, hay personajes de su alianza que se pusieron del lado contrario a los pensamientos morenistas.

Y uno como periodista tiene que registrar las voces en uno y otro sentido. Lo malo es que se tomaron momentos de distracción de los ciudadanos con esto del coronavirus para hacer prevalecer las ideas de cambios en los pasos electorales que deben darse para estar a la par de las leyes nacionales.

Pero, de cualquier modo, quizá todavía haya asideros legales, y políticos por qué no, para que quienes estén inconformes puedan hacer uso de ellos y ver de qué lado está la razón.

Esperemos que prevalezca la cordura y que no se tome como pretexto este renglón para detener el desenvolvimiento democrático de la entidad.

JUICIO POLÍTICO

Pues no cabe duda que los actores políticos andan desatados. Ahora es el PAN de Sonora el que solicita un juicio político contra el alcalde de Cajeme, Sergio Pablo Mariscal Alvarado.

Sobran motivos para haber llegado a este punto, pero lo trascendente es que el Presidente Municipal se ha empecinado en no hacerle caso más que a su propia conciencia, pues quizá por ser académico e “ilustrado” piensa que solamente él tiene la verdad y la razón en todo y ni ve ni oye a los que piensan distinto a él.

Va a ser difícil que prospere lo que el panismo y, a fuerza de decir la verdad, muchos otros sectores de la población desean, pero por lo menos en el último tramo del gobierno actual se van a ventilar muchas ideas en torno a la conducta de las autoridades en turno.

Que si no han hecho obras, que si a pesar de hablar contra la corrupción este antivalor ha seguido presente en muchos ámbitos municipales o que si de plano el Alcalde se ha tirado a la milonga y le ha importado poco el presente y futuro de Cajeme, sabedor quizá de que su carrera política prácticamente ha culminado.

Le queda tiempo a Mariscal Alvarado para reconciliarse con los ciudadanos, pero empecinado como está en creer que todo lo que se diga en su contra es solamente un complot, pues difícilmente enderezará un barco que parece irse a pique lenta pero inexorablemente.

El problema es que no solamente está muy lejos de una aceptación popular decorosa, sino que los mismos militantes de la alianza que le llevó a la Alcaldía le han comenzado a dar la espalda y si eso puede convertirse en un termómetro político, pues la verdad las cosas están más que perdidas.

Lástima por los cajemenses que anhelaban una transformación. Les están quedando a deber.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx