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Durante años he buscado, supongo que como todos, algo que le dé sentido a mi vida; algo que me haga sentir satisfecho. He preguntado a personas que desde mi punto de vista tienen todo lo necesario para ser felices, como es una familia, un trabajo fijo, salud, hijos, ingresos económicos y demás cosas indispensables y, por lo general, me han respondido que se sienten igual: insatisfechos.

También he platicado sobre esto con filósofos y dicen que las mismas crisis existenciales de igual manera tocan a su puerta con frecuencia. He hablado con la gente del campo y estas mismas inquietudes suelen quitarles el sueño. Por lo visto, esto de no encontrar la alegría y satisfacción suele ser una carga invariable en el bagaje emocional de casi todas las personas, desde los más experimentados hasta los menos. Tanto el rico como el pobre y el joven como el viejo suelen adolecer de ese aliciente de una vida de realización, sin embargo, el que esto acontezca con frecuencia a nuestro alrededor no es ningún consuelo para nadie.

Es por eso que en la búsqueda del tesoro del deleite eh escarbado aquí y allá; incluso, le he pedido al cielo un poco de luz para iluminar esos rincones oscuros del alma, y he correteando a la gallina de los huevos de oro y nada, hasta que un buen día llegó hasta mi portal una misteriosa dama de dulce voz, que alargando su mano me dio un manuscrito que dijo haber concebido tras oír los lamentos de tanta gente a su alrededor. Lo tomé, y me dispuse a leerlo con atención:

“El hilo de oro de una vida feliz y llena de sentido es la autodisciplina. La disciplina te permite hacer todas esas cosas que en tu corazón sabes que debes llevar a cabo, pero nunca estás de humor para hacer. Sin autodisciplina, no podrás marcarte unos objetivos claros, organizar tu tiempo efectivamente, tratar bien a la gente, resistir durante los tiempos difíciles, cuidar tu salud o tener pensamientos positivos.

Ponte duro contigo mismo, lo que en realidad es un gesto de gran amor. Siendo más estricto contigo, empezarás a vivir la vida según tú elijas, en los términos que tú estipules, en lugar de reaccionar a la vida como una hoja que flota en el agua a capricho de la corriente. Cuanto más duro eres contigo, más fácil es la vida para ti”

Al levantar mis ojos para darle las gracias e invitarla a pasar, ella ya había desaparecido. Entonces, medité sobre las palabras allí escritas y llegué a pensar que…Todo lo que aprendemos a ser o sentir lo aprendemos haciéndolo y sintiéndolo: Los hombres se convierten en albañiles construyendo, y los músicos, tocando; de la misma manera emprendiendo acciones justas llegamos a ser justos, realizando acciones de autodisciplina llegamos a ser exitosos, y realizando acciones valerosas nos convertimos en seres valerosos. Riéndonos estaremos alegres.

Ahora, con estos consejos, tendré mucho en que ocuparme como para sentirme insatisfecho.

“Golpéame con tu mejor golpe” Pat Benatar

Jesushuerta3000@hotmail.com