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Bueno, definitivamente, esta pandemia ha sido intensamente aleccionadora. Nos ha dejado enseñanzas por todos lados y de todos sabores y colores. Ha sacado lo bueno, lo malo y lo peor de la gente y de uno mismo. Ha sido estresante, pesada, dolorosa, cara, agotadora, incierta, repugnante y todos los calificativos que guste agregar.

Algo de lo que nos mostró es que el alcohol está más fuertemente arraigado de lo que creíamos en el seno de nuestra sociedad; el alcohol en cualquiera de sus presentaciones, tipos y graduaciones.

Sin duda alguna, a los sonorenses nos gusta tomar, y no solo los fines de semana o en las fiestas. El sonorense, no todos, obvio, pero si muchísimos, no puede vivir contento sin tomarse sus tragos. Para todo mal, un buen mezcal, y para todo bien, también, o lo que haya quedado después de que las autoridades decidieron prohibir su venta como se venía haciendo normalmente.

Es lógico pensar que en una crisis sanitaria el alcohol no es bueno ni necesario consumirlo más que en los hospitales. Como es tiempo de estar en casa, con la familia, de hacer planes a mediano y corto plazo, de estirar los pesos y centavos, de meditar, de entretenerse sanamente y de ocuparse en lo que se pueda, además de no salir de casa y evitar en lo posible conductas antisociales provocadas al calor de las copas, supongo que por eso las autoridades pensaron que no era necesario el libre acceso a la cerveza y tomaron la decisión, olvidando que, a cómo estamos viendo, la cerveza, principalmente,  es un producto de primera necesidad en estas tierras.

Lo curioso es que sí se permitió que se siguieran vendiendo bebidas espirituosas, pero no cerveza, y la gente terminó tomando fuerte para darse el gusto de evadir la realidad, de divertirse y para alimentar la adicción que es como un vórtice que te absorbe progresivamente, y con un muy difícil regreso a la sobriedad.

Comprobamos que si hay bebida hay violencia intrafamiliar, y si no hay, también. Es el cuento de nunca acabar; total que para cuando el gobierno se dio cuenta del caos que se generó por la falta de cerveza por razones varias, como prudencia y el quédate en casa para los productores, que afectó su distribución, se provocó la venta clandestina, el sobre precio, el consumo de licores, la especulación, la desesperación, entre otras cosas.

Lo bueno es que ya volverán a vender cerveza, anuncia la autoridad y que ya casi salimos de esta mentada pandemia que nos hizo ver borroso el presente y el futuro, que nos está moviendo el piso, que nos trae tambaleándonos a diario, con nauseas, que nos está provocando delirium tremes y eso que todavía falta que nos llegue la cruda…realidad.

Hay mucho alcoholismo entre nosotros; en todas las edades, clases sociales, razas, barrios y fábricas. Hay qué ver qué vamos a hacer; o si le seguimos de frente dándole al cuerpo lo que pida, o le bajamos el ritmo a la tomadera, o haciendo un alto total en el camino, o se habrá de trabajar en el valor de la sobriedad, o se va a legislar, o se le pedirá ayuda a Dios, pero de alguna manera nos la tendremos que curar. Salud.