Article inline ad

Dicen los que han estado suplicando ante las instituciones de Salud una prueba para saber si tienen o no el coronavirus, que quienes están al frente de esa labor prácticamente les dan a entender que si no llegan con falta de aire en sus pulmones, que lo olviden.

Es decir debes ir casi casi en la antesala de saludar a San Pedro, o a quien te reciba primero, para que puedan tomarte como un paciente al que debe brindársele atención inmediata, pero hasta ahí.

Porque luego, los mantienen aislados y a sus familiares jamás los orientan al menos para saber si tienen el mal porque, repito, una prueba jamás se les va a hacer y es así como el contagio entre amigos, vecinos o familiares se incrementa y luego las autoridades se “asustan” ante el crecimiento exponencial de la enfermedad.

En las redes sociales, todos los días prácticamente hay un “parte de guerra”, pero la persona que lo lee, el Secretario de Salud, Enrique Clausen Iberri, no es alguien que conecte con la población sino, por el contrario, parece estar siempre molesto.

Muchos ven esa transmisión porque es obligado estar informados de los avances de la pandemia, pero si no fuera tan importante estar bien informados, el hosco rostro del Secretario al leer lo que le ponen en pantalla ahuyentaría a todos.

Se trata, en un elemental pensamiento, de que la gente reciba las malas noticias al menos con amabilidad, pero si desde el principio del proceso para saber si está uno contaminado o no, se encuentra con trabas, pues de ahí la desobediencia mayoritaria al quédate en casa.

Por lo pronto, a Clausen Iberri este ejercicio le habrá de servir de proyección, mala pero proyección al fin para sus fines electorales, pero ya se habrá podido dar cuenta de que no tiene ese “no sé qué” que le ayuda a estar en empatía con quienes lo escuchan.

Pero si ya por lo menos no puede cambiar su postura ante cámaras, pues hay que reconocer que no a todos se nos da, en lo que debe enfocarse el funcionario es en promover la agilidad en la atención a quienes llegan con toda la carga de un malestar ante las instituciones médicas.

A veces simplemente se escucha un “estás bien” cuando las dolencias persiguen a las personas, al grado de que muchos comentan en las redes sociales que ahora deben fingir ante esas personas que están sin aliento para ver si así los reciben.

No se vale la burocracia en tiempos de pandemia. Se supone que para eso se habilitaron algunos centros y hospitales, de tal manera que haya agilidad en la atención a la gente, que no va a esos sitios como de vacaciones sino porque realmente se siente mal.

Y esas recomendaciones no son solamente para las instituciones médicas dependientes del Estado sino también para aquellas de la Federación que parecieran tener militares y no personal de salud a la entrada de los hospitales.

En la calidad y calidez de la atención a la población radica, aunque pareciera que exagero, el sentirse mejor o peor a la hora de soportar una enfermedad.

Una sonrisa incluso puede salvar una vida. En las instituciones médicas el aislamiento social debe ser entre los enfermos, mas no con el personal, cuya bondad debe irradiar a quienes luchan por sobrevivir.

Alabo y agradezco la tarea de quienes han estado día y noche junto a los enfermitos, pero quienes están en el primer filtro de bienvenida hacia los centros de salud deben tener también empatía con la gente y no alargar los procesos en los que va una vida de por medio.

Que la pandemia no mate la solidaridad.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx