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Jesús Carvajal Moncada
(Promotor cultural)

Las crisis económicas, desastres naturales o situaciones de guerra, son una oportunidad para observar el comportamiento social y destacar patrones que reflejan la madurez, la conciencia, el conocimiento y el compromiso con un cambio que lleve a mejorar las condiciones de vida, es decir, el aprendizaje en general que se obtenga de lo vivido.

Sobre la pandemia del coronavirus se ha comentado frecuentemente acerca de lo novedoso de la misma y que por tanto se ha debido ir aprendiendo cada vez más. Para ello por supuesto se ha utilizado la experiencia con anteriores crisis sanitarias, como la de la influenza. Es decir, se parte de pasos lógicos, los cuales se van adaptando y modificando conforme la situación lo requiera, para de esta forma generar estrategias que se espere lleven a un control final de la problemática.

En semanas anteriores, cuando la crisis sanitaria avanzaba, alguien, que no recuerdo con precisión en este momento, comentó en una entrevista que el mexicano requiere vivir de cerca una situación peligrosa para tener plena conciencia de la misma y tomar precauciones. En muchos contextos suele ser así. Un caso relativamente reciente lo fue la explosión de una fuga de combustible, cuando la gente no advirtió las posibles consecuencias de ir a llenar sus recipientes de gasolina. También, las explosiones de fuegos pirotécnicos, que en más de una ocasión han acabado con todo un mercado de estos artículos y causado el fallecimiento de varias personas. Esto lleva a poner en duda si en verdad se ha aprendido de tragedias pasadas.

Con el coronavirus se ve una polarización de la sociedad. En nuestra localidad por ejemplo es posible encontrar gente que actúa con los debidos cuidados, utilizando cubrebocas, gel desinfectante y guardando la distancia. Mientras otros se comportan como si ningún virus peligroso acechara. Estos sujetos visitan los parques, llevan a lavar su auto a espacios públicos, o a un taller, o toman los autobuses sin conciencia aparente de la amenaza para su salud.

Resulta completamente entendible que una parte, amplia por cierto, de la sociedad necesite continuar saliendo para ganar el sustento diario, lo reprobable es cuando estas personas no lleven a cabo acciones para protegerse, poniéndose en riesgo y a la vez, a quienes estén cerca de ellos.

Otro estrato de la población lo conforman los que muestran grandes dificultades para permanecer mucho tiempo en sus hogares, quienes parecen vivir momentos de estrés ante la ausencia de la rutina diaria y tratan en ocasiones de ir en contra de las recomendaciones oficiales, con los consecuentes riesgos que esto implica.

Una realidad es que no pensábamos en vivir bajo estas condiciones. Por lo general no lo consideramos y por tanto podemos vernos impreparados ante una pandemia que pone a prueba nuestro control interno. Esperemos que prevalezca la conciencia para lograr un control de la misma lo antes posible.

ÓSCAR CHÁVEZ

Tuve la fortuna de disfrutar del talento de Óscar Chávez en Ciudad Obregón en varias ocasiones. Recuerdo en la más reciente de ellas, dentro de un festival Tetabiakte cuando se despidió: “Nos vemos en la próxima, más temprano”. Esto debido a que el evento se retrasó y había finalizado después de la media noche. Evidentemente no regresará más, pero deja un legado que debe conocerse, difundirse, aprovecharse. Él, junto con otros grandes que han partido físicamente, como Alberto Cortez y Luis Eduardo Aute, han marcado un nivel de calidad muy alto para los artistas actuales y lo que vendrán.