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“Está vieja, pero sana, sin enfermedades crónicas”, refiere su médico tratante

Ada Zanusso ingresó al hospital con todos los síntomas de coronavirus y con un futuro incierto. “No comía y pensábamos que no iba a sobrevivir”, dijo la doctora Carla Furno Marchese; sin embargo, y contra todos los pronósticos, la abuelita de 104 años de edad ha recibido la bendición de volver a respirar por sí misma y de sentir el calor de sol.

Ana, quien nació en Veneto, Italia, y que trabajó muchos años en una industria textil, señala que lo que la sostuvo durante su internamiento fue el valor y la fe, cualidades que ha practicado toda su vida.

En medio de toda la pandemia, Ana, junto a otros supervivientes que superan los 100 años de edad, se convierten en una esperanza para toda la humanidad, que vive resguardada en sus casas por temor a contagiarse y a que el virus se propague.

Protegida con una mascarilla y con su médico tratante a su lado, modestamente, Ana responde: “Estoy bien, estoy bien. Veo tele, leo los periódicos. Tuve algo de fiebre”, durante una entrevista en la Residencia para Mayores Maria Grazia en Lessona, al norte de Piamonte.

Y su doctora, también protegida con equipo médico, agrega que la dulce abuelita permaneció en cama por una semana. “Siempre estaba soñolienta y no reaccionaba”.

Sin embargo, la sorpresa vino cuando “un día volvió a abrir los ojos y volvió a hacer lo que hacía antes”.

“Está vieja, pero sana, sin enfermedades crónicas”, dijo su doctora.

Ana recomienda a quienes sufren los síntomas del Covid-19 que tengan “valor y fortaleza de fe”. A ella le función, por ello lo aconseja.

Ahora, luego de superar al virus, la ancianita solo pide una cosa especial cuando abran las puertas: “me gustaría dar un hermoso paseo”.

Ana Zanusso tuvo 4 hijos, 3 de los cuales aún viven; tiene 4 nieos y 3 bisnietos, a quienes anhela ver jugar juntos.