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“La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado.” Ovidio, poeta latino

Un componente clave de las campañas políticas es vender “esperanza”. En cada contienda electoral los candidatos prometen un entorno mejor, le venden al ciudadano sueños de una mejor realidad. También cuando compramos productos o adquirimos ciertos servicios, lo hacemos con la “esperanza” de obtener beneficios que nos harán sentir o vivir mejor. ¿Qué significa entonces la esperanza?

La esperanza no está hecha sólo de ilusiones, pero son importantes para mirar el futuro con apertura y curiosidad. Muchos de los inventos que hoy usamos de manera cotidiana comenzaron como un sueño, como la aspiración de volar. En el Renacimiento, Leonardo Da Vinci estuvo intrigado por la manera de lograr que algo más pesado que el aire volara, por lo que realizó numerosos esquemas y planos de inventos que podrían ayudar al hombre a vencer la ley de gravedad. Fue hasta 1903 que los hermanos Wright inventaron el avión y nadie se cuestiona hoy en día si el hombre puede o no volar.

La esperanza tiene fundamento en la realidad; a veces crea ilusiones, pero no es delirante. Es una fortaleza de carácter cognitiva, pero es también motivacional y emocional, pues la persona tiene expectativas que en las que ha puesto cierto afecto y a las que da suficiente importancia como para trabajar en lograrlas.

Charles Snyder fue el primero que expuso una teoría psicológica acerca de la esperanza. De acuerdo a este investigador, las expectativas dirigidas a metas tienen dos componentes que actúan tanto juntos como por separado.

El primero es la agencia (agency), que refleja la determinación personal de que pueden cumplirse las metas. La persona tiene la creencia de que los buenos eventos son más probables si realiza las acciones adecuadas, y los malos eventos, menos probables. Las acciones de autocuidado, como lavarnos los dientes, usar el cinturón de seguridad o tomar vitaminas son ejemplos sencillos de agencia: creemos que si tenemos buenos hábitos de salud, evitaremos la enfermedad. Esta determinación de que pueden cumplirse los objetivos es sumamente importante en las metas a largo plazo, como terminar una carrera, hacer prosperar un negocio o mantener unida a una familia. Esta creencia de que nuestras acciones pueden lograr algo es lo que nos mantiene en marcha.

El segundo son los caminos (pathways), que Snyder describe como la creencia del sujeto de que pueden generarse planes exitosos para lograr las metas. Es decir, hay formas, rutas o estrategias que pueden ayudar a la persona a lograr lo que desea. Aquí es donde la perseverancia se une a la flexibilidad, pues al encontrar que el destino deseado no se puede alcanzar por un camino, la persona perseverante buscará otro, o esperará el momento adecuado para volver a intentarlo.

¿Cuáles son sus sueños? ¿Cómo puede convertirlo en una meta o propósito? ¿Qué puede hacer para lograrlo? ¿Qué planes o estrategias le pueden ayudar a alcanzarlo? La esperanza es la fortaleza de carácter que nos permite tener la confianza de que alcanzaremos nuestros propósitos. Usted, ¿qué piensa?

@rafaelroblesf