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Con la nonagésima segunda (92), entrega del Pre   mio Óscar, prácticamente ha finalizado la temporada de entrega de premios a lo mejor del cine, tanto en Estados Unidos, como a nivel internacional. La película Parásitos, de BongJoon Ho, logró ser elegida como la ganadora, además de que anteriormente lo había sido como mejor película internacional y en la categoría de dirección. La ceremonia mostró una vez más que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, tiende a evaluar de una forma distinta a otras instancias encargadas de otorgar premios, al menos a una parte de ellas, como Los Globos de Oro, donde se impusiera la cinta 1917, dirigida por Sam Mendes, y los premios de los críticos de Estados Unidos, en los cuales Había una vez…en Hollywwod, de Quentin Tarantino, se llevó la máxima distinción.

Parásitos es la historia de una familia, padre, madres, hermana y hermano, con problemas económicos, que ante la oportunidad de que el hijo de clases de inglés a una joven proveniente de un estrato socioeconómico alto, empieza a ver la posibilidad de que todos los miembros consigan trabajo ahí, y así, empiezan a recomendarse unos a otros, pero antes logran echar a trabajadores anteriores mediante trampas y engaños. De esta forma, se vuelven parásitos que anidan en el interior de una familia cargada de ingenuidad y bondad. No obstante, ya alguien más había hecho lo mismo, y ahora enfrentarán una serie de hechos inesperados que desembocarán en una terrible tragedia. El director conduce una trama de forma adecuada a los propósitos de la misma, con tomas, secuencias y ritmo estupendamente logrado. Aunque sinceramente no esperé que pudiera ser la ganadora, tiene méritos indudables para ello, y tal vez la academia, que el año pasado no otorgó este premio a Roma, del mexicano Alfonso Cuarón, que para mí debió de haberlo hecho, ahora es capaz de reconocer un trabajo de Corea del Sur, mostrando apertura ante propuestas que pudieran parecer distintas, pero con características universales, como el arte mismo.

Por otra parte, el evento también evidenció que actores y actrices, aunque humanos, parecen ser llevados a una condición distinta, en cuanto a elegancia y admiración, como dioses del olimpo cinematográfico, algo que ciertos críticos han considerado como una contradicción del arte, que busca cuestionar estereotipos, pero aquí los refuerza, sobre todo con la espectacular alfombra roja.

De cualquier forma, quien sea un seguidor del cine no puede dejar de tomar en cuenta la noche del Óscar, y si bien los premios no necesariamente construyen toda una carrera, quienes los reciben entran a formar parte de un estatus distinto, excepcional, que aunque lo nieguen, todos aspiran a lograr.

Lo importante después de todo esto es la oportunidad de contar con obras cinematográficas para apreciar y evaluar, el poder acercarse a una mayor cantidad de material de este tipo, y así encontrar esa parte artística del cine, una actividad que ha rozado muchas veces con el puro entretenimiento, debido a su producción y masificación y al consumo de comida que es asociado a ello. Sin embargo, y afortunadamente, existen realizadores que insisten en mostrar que los productos de la gran pantalla son y continuarán siendo, parte de las artes.