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Cuando conocí a Rosendo Arrayales Terán, ya era un activista, promotor entonces de la donación de órganos.

Su insistencia fue tanta que hasta el Congreso del Estado intervino para que se hiciera obligatoria una tarjeta en la cual cada persona definía si quería o no ser donador de sus órganos al momento de su fallecimiento.

Éramos pocos los comunicadores que poníamos atención a sus informaciones, pero él ha sido siempre persistente en cada una de sus tareas y quizá por ello se ha granjeado la amistad de muchos ciudadanos, pero, paralelamente, la enemistad de otros.

Lo cierto es que en algunas redes sociales los admiradores del hoy regidor alaban sus pasos, pero sobre todo su congruencia y honestidad en la aplicación de las leyes que todo ciudadano está obligado a cumplir.

Llegan incluso a proponerlo para que sea el próximo candidato a la Presidencia Municipal de Cajeme, que por negociaciones al interior de Morena se le impidió en las pasadas elecciones.

Pero hay otros también que consideran que sus honestidad y defensa del Estado de Derecho lo convierten en el Andrés Manuel López Obrador de Cajeme. De ese tamaño, la discusión.

Claro, también hay quienes, desde el punto de vista de quienes están en el gobierno local, consideran que las manifestaciones a favor de Arrayales Terán en vez de ayudarle, le están perjudicando.

Lo cierto es que desde Palacio Municipal ya se han orquestado varias campañas que intentan golpear al activista regidor, sobre todo porque ha sido quien mas insistentemente les ha dicho lo mal que están gobernando y ha destapado actos de corrupción que no solamente tienen que ver con el actual trienio.

Hasta cierto punto, según se oye en Radio Palacio, tienen miedo de que en verdad se convierta en una fuerza que obligue a hacerlo candidato a la alcaldía, muy a pesar de las simpatías del actual alcalde, Sergio Pablo Mariscal Alvarado, hacia ciertos personajes que, con toda seguridad, de ganar le cuidaría las espaldas ante posibles actos de corrupción que se detectaran con otro gobierno en 2021.

Pero, sean o no ciertas las intenciones de Arrayales Terán de convertirse en candidato, habrá que decirle a sus seguidores que en el actual sistema político las virtudes de un hombre como él no son las adecuadas.

A la política se le ha convertido, salvo contadas excepciones, en un espacio para los cínicos, los ladrones, los asesinos y todos aquellos que con “vagancias” obtienen dinero y escalones políticos.

Los partidos políticos son una cueva de Alí Babá, en la que se perfecciona el chantaje, la extorsión y la delincuencia, económica y política, y en lo cual no caben los que buscan hacer las cosas dentro de la legalidad, como Arrayales Terán.

De modo que, desde hoy, les puedo apostar que a la clase política gobernante no le conviene impulsar a un hombre como el regidor del PT.

Muchos negocios sucios se acabarían. Y eso, para ellos, sería más pecado que los cometidos por Marcial Maciel a nombre de los Legionarios de Cristo.

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