El de ayer fue, en los hechos, el Día del Policía.
Al menos en Cajeme, donde por la mañana intentaron asesinar a un escolta de un ex jefe policiaco y, por la noche, aparentemente tres agentes municipales fueron golpeados, amarrados y abandonados en la vía pública.
Y la gente se pregunta, no sin razón, ¿qué está pasando en Cajeme?
Si eso les puede pasar a quienes, se supone, están entrenados para hacer frente a la delincuencia, ¿qué se puede esperar del resto de los ciudadanos?
Por todos lados se ven pasar camionetas llenas de policías, de soldados y ahora hasta elementos de la Marina, pero aún así la gente tiene mucho miedo de salir, ya no digamos por las noches sino a cualquier hora del día.
Un lamento de los agentes policiacos es que a pesar de la gravedad de los hechos, ninguna autoridad municipal, ni siquiera Francisco Cano Castro, encargado del despacho en Seguridad Pública, fueron capaces de acudir al hospital para al menos consolar a los familiares de los elementos.
Se sienten, como la población misma, desprotegidos porque solamente en el demagógico discurso hablan de combatir al mal, pero en los hechos ni siquiera hacen frente a sus responsabilidades.
Lo mas lamentable es que la violencia se esté apoderando de la comunidad y finalmente se le asimile como algo natural.
Cuando ya nadie se asombre de lo que está ocurriendo y se vea a la muerte como compañera del viaje por estos suelos, entonces la degradación social avanzará sin obstáculos.
Es de agradecerse que quieran a una Guardia Nacional en las escuelas, en las casas, para convivir con las familias y ganarse su confianza. Pero ese paso debió darse hace mucho tiempo.
Hoy lo que la sociedad quiere es la devolución de la paz y no se ve que eso pueda suceder si a los mismos integrantes de las corporaciones policiacas, el crimen organizado les asesta golpes que quedan grabados en la conciencia social.
Aquello de lo que hablan en cada reunión, de redefinir las estrategias y las acciones de inteligencia, no son mas que poses porque en los hechos ni siquiera los policías saben qué mas hacer para que los crímenes dejen de suceder.
Sabemos bien que la violencia no es nueva y que desde hace muchos años se vive esta guerra, pero eso no excusa a las autoridades de hoy para dejar de cumplir su papel de brindar seguridad a la gente.
Si el barco se hunde, el capitán deberá saltar a lo último. ¿Podemos confiar en que eso sucederá en Cajeme?
Lo dudo.
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