Aunque hay quienes dicen que “el mal no tiene la última palabra” en Cajeme, la realidad los desmiente: Las mafias al interior de Seguridad Pública siguen mandando.

De acuerdo a testimonios de algunos elementos de la corporación, la salida de Régulo Ríos Cervantes, director administrativo, tiene mucho que ver con eso de que los malos se siguen imponiendo.

De igual modo, parece ser que hay mucha simulación en las solicitudes de licencia del Secretario de Seguridad Pública, Jorge Manuel Solís Casanova, porque en realidad las mafias policiacas no quieren que haya alguien que ponga orden y freno a las corruptelas.

Uno no se asombra de que al interior de la Policía municipal haya corruptos. Los han solapado por años los mismos alcaldes. Y hasta los han premiado en ocasiones, a pesar de haberlos denunciado mediante reportajes, columnas y otras acciones.

Pero se supone que hoy se ha ingresado a un gobierno transformador, a una nueva etapa de la vida pública para impedir que los corruptos sigan haciendo de las suyas.

Por eso es de extrañar que ahora que alguien se haya decidido a encontrar el hilo que conduce a verificar quiénes se han enriquecido con un mal uso de los combustibles usados en Seguridad Pública, en vez de emprender medidas contra los culpables, se despida a la persona que hizo la investigación.

¿Suena extraño? Sí, pero así hemos navegado por años con los gobiernos federal, estatales o municipales.

Estamos en el país del “no pasa nada” si robas, si matas, si te pasas las leyes por el arco del triunfo. Es más, hasta mejor te va cuando haces fechorías. Tienes más dinero y hay quienes te lo aplauden.

En cambio, a la gente leal, honesta, que quiere cambiar el estado de cosas, se le agrede, se le despide de sus trabajos y no encaja en la cueva de Alí Babá porque se sienten vigilados por alguien que no va a “jalar” parejo en la corruptela.

Mientras desde Presidencia Municipal se tema o se sea cómplice de las mafias de la Policía, nada va a cambiar.

Los delitos seguirán a la alza porque saben los malos que seguirán impunes mientras cuenten con alguien adentro de las corporaciones o el gobierno que los habrá de “salvar”.

Y sí está en lo correcto el discurso: “En nosotros está la responsabilidad de rechazar al mal”.

Cuánta razón. Pero, también, cuánta demagogia.

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