¿Que si por qué me vine de Matamoros? ¡Porque me quisieron matar! Me respondió Vicente cuando le pregunté que si por qué se había venido a vivir a Cd. Obregón. Sé que aquí “no cantan mal las rancheras” en cuanto a violencia se refiere, pero allá está peor, aseguró.

Y me contó que se le ocurrió abrir una cocina económica a un lado del Seguro Social de su Matamoros querido, y pronto le pegó por su buena sazón y el acceso a cientos de personas que circulan alrededor del Seguro. Tanto que al paso de unos meses ya había rentando el local de al lado para ampliarse. La gente comía ahí o pedía la comida del día para llevar, mas la que se entregaba en varias oficinas del sector. Total, que la “Cocina de la Abuela” pronto se hizo un punto de referencia entre la gente de Matamoros. La buena nueva corrió como reguero de pólvora y llegó a oídos de alguno de los malandros del lugar, porque cuando menos lo esperó llegó un par de mal encarados a exigirle una cuota por derecho de “piso”, doce mil pesos mensuales, le pidieron los angelitos para dejarlo trabajar sin problemas. A Vicente no le quedó otra que apechugar, y comenzó a entregarles el dinero en efectivo cada último día del mes. Aún con este pago el negocio siguió funcionando y cada día le iba mejor. Al tiempo juntó unos ahorros, mas otro tanto que consiguió prestado, y abrió un restaurant bar amplio y muy bonito. Su buena comida y buena música hizo que pronto tuviera mucho éxito, y, otra vez, llegaron los mañosos a pedirle su respectiva cuota “voluntaria” para dejarlo operar. Esta vez le pidieron veinticinco mil pesos mensuales. Vicente les dijo que de ninguna manera se los iba a dar, que se conformaran con lo que ya les estaba pagando. Pero a ellos no les pareció su respuesta, y al día siguiente se aparecieron en su casa, tumbaron la puerta de entrada, lo agarraron del pelo y se lo llevaron en una camioneta. En cuanto lo subieron le vendaron los ojos y comenzaron a decir que le bajara de huevos, que con ellos no se juega… “te va a llevar la chingada por andarte haciendo el muy machito” le gritaban. Después de unos minutos que le parecieron eternos, dijo que llegaron a un lugar y lo bajaron para comenzar a golpearlo. Así pasaron tres días y tres noches, hasta que lo fueron a tirar todo golpeado y semidesnudo afuera de su casa, y le dijeron que se hiciera a la idea que tenía que pagar derecho de piso. Los vecinos al verlo llamaron a la Cruz Roja y luego se lo llevaron al hospital. Le dejaron marcas por todos lados.

Vicente estaba muy muy enojado y dijo pura madre les voy a dar dinero a estos buenos para nada, y para asegurarse que no le hicieran nada, se vino a vivir a Obregón, pero antes le quitaron el carro que aún sigue pagando, el equipo del bar y del restaurante y todo el equipo electrónico que pudieron. Ahora vive en nuestra ciudad y se siente muy contento de poder empezar de nuevo con sus negocios.

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