Así como la imparable violencia, los baches que surgen como hongos por doquier, la apatía de los tibios en lo concerniente a responsabilidad social, la basura que abunda, las interminables pifias de la clase política que hace como que gobierna, así, de ese tamaño, tenemos otro grave problema en Cajeme: ¡los cafres al volante!

¡Sí! Esos que abundan conduciendo en todas las calles de nuestro municipio y que día a día crecen. Esos que sin pudor alguno violan todas las reglas de tránsito a diestra y siniestra, poniendo en riesgo la vida de cuantos circulen a su alrededor, a pie, en carro, en moto en bicicleta, ya sean niños, jóvenes, adultos, discapacitados, mascotas y quien sea.

Esos cafres despreciables que van texteando y manejando quitados de la pena; les digo despreciables porque desprecian su vida y cuantimás la de los demás. Esos que sobrepasan los límites de velocidad por el gusto de ser, esos que llevan niños en su regazo o mascotas, esos que creen que por prender las intermitentes pueden pararse en donde quieran; esos que no respetan la franja roja y no dejan ver bien a quienes quieren cruzar la calle en dónde tuvieron la mala suerte de encontrarse.

Me refiero a esos cafres que conducen bajo los efectos del alcohol o de alguna droga, a esos que conducen autos sin experiencia alguna y sin seguro contra gastos a terceros, al menos.

Y si a todo ese valemadrismo le agregamos que las autoridades no parecen existir, que en Ciudad Obregón se dice que hay proporcionalmente dos autos por persona, que a diario entran cada vez más carros chuecos, pues la cosa se complica aún más.

Otro elemento que hace aún más peligroso el tráfico urbano es la prepotencia y buchonada de muchos, ya sean ricos o pobres, nadie se salva. Esas personas que detienen el tráfico por estar checando su celular o estar distraídos, y que, al pitarles se molestan o que les señalas sus errores al conducir y te quieren golpear o hacer daño.

Aquí es urgente que las autoridades, los medios de comunicación, los padres de familia, las empresas, todos, iniciemos una campaña intensa por la responsabilidad civil de conducir, sin olvidar que los autos son ataúdes con ruedas que así como nos sirven para transportarnos de un lugar de otro, nos pueden llevar directo al panteón sin escalas.

Con cafre me refiero a un adjetivo para calificar a las personas crueles, salvajes, brutales o rústicas, o a aquello que es de mal gusto o vulgar. Por ejemplo: “Este pueblo está lleno de cafres”, “Un cafre al volante atropelló y mató a dos personas en la carretera central”; no seas uno más de ellos, por lo que más quieras.

Jesushuerta3000@hotmail.com