Y sin esperarlo llegó ese momento en la vida en que comienzas a pensar en tu muerte. En qué pasaría con tus seres queridos; a dónde irían a ir tus cosas y tus recuerdos sagrados que has atesorado por años. En que te preguntas quién cuidará de mi familia, de mis mascotas, de mis plantas, esa edad que llega como a los cuarentaytantos, aunque para otros nunca llega y para otros llega muy pronto ese momento de quiebre en que piensas en tu propia muerte…pues, Toño comenzó a imaginarlo por todos los ángulos posibles. Uno era tratar de arreglar los asuntos legales, de palabra, de afecto, de goce y, por supuesto su propio funeral.

Por tal razón Toño comenzó a hacer planes, teniendo en mente que deseaba que su muerte no fuera en jueves o viernes para no arruinarle el fin de semana a los amigos y la familia. Pensó en cuál iglesia le gustaría que le dieran su misa de cuerpo presente; la decoración, las luces, el sonido, los recuerdos impresos, los coros, las frases al micrófono de la familia, el color del ataúd, la posibilidad de ser incinerado, en dónde poner las cenizas, las bebidas espirituosas y la carroza fúnebre. Él quería que así fuera su funeral, y por eso escribió todo lo que pensó y se lo entregó notariado a su esposa, su familia más cercana, sus clientes y, ante todo, sus amigos, y para estar seguro de que se hiciera su última su última voluntad, se lo pidió a su mejor amigo, compañero de mil batallas, leal hasta la muerte, Damián.  Y Damián sabía que no tenía que jurar para que Antonio estuviera tranquilo después de su muerte, porque iba a dejar a un amigo en su representación.

El tiempo siguió su marcha, y Toño estuvo ahorrando por años para poder cumplir con sus planes mortuorios. Habría flores blancas y azules, inciensos de India, vinos y wiskis finos, el coro de niños, luces en el templo, sus fotos impresas con mensajes para todos, una carroza blanca, un féretro azul, todos de negro, velas blancas, y una canción de Elton John, We All Fall in Love Sometime-Curtains, de 1975, al terminar la misa y durante el camino a la cremación. Todo estaría listo y cubierto económicamente para cuando Toño muriera. Quería una despedida triunfal, “así como cuando nací que fue un arribo triunfal” decía feliz.

Y pasaron varios soles con sus lunas y al fin llegó la muerte, pero se llevó Damián. Toño en ese momento comenzó a pensar quién podría ayudarle a cumplir su última voluntad.

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