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Un buen día llegó el “Güero” a mi casa, un perro amarillo con una herida reciente en la cabeza, de edad avanzada, con problemas en su cadera que se complican al tratar de levantarse, pero con una mirada tierna que agrada, y que fue bien recibido por la familia.

La verdad, no sé si lo haya atropellado un carro, ni de dónde viene, pero llegó en muy malas condiciones. Lo curioso es que, o quedó tonto por el posible golpe y se le olvidó que los carros matan o quiere suicidarse, porque cruza la calle sin voltear a los lados como queriendo jugarse la vida. O, quizá piense que las personas somos incapaces de hacerle daño a un perro. No sé…

A los días de haber aparecido en casa, ya los vecinos comenzaron a ponerle nombre, darle comida, medicina, pañuelos, collares, agua, croquetas, sobrecitos, panes, patas de pollo, y no sé qué tantas cosas de comer que le comenzaron a llevar, porque también les causaba compasión el “Güero”, y lo veían de la calle porque dormía en el portal de mi casa, porque no era bien recibido en el patio en donde viven mis dos perras. Así que “estaba en mi casa”, pero seguía siendo de la calle. Creo que es lo que le gusta, ser libre, y un día duerme en una casa, otro día en otra, lo mismo que la típica “siesta del chucho”; siempre en diferente lugar, pero en el mismo barrio y sin dejar de tocar base en mi casa. Muy curioso. Él no tiene casa, pero todas las del barrio son sus casas. Y ahí va; se pasea despacio, pero sin titubeos, esto fue después de que gracias a unos tratamientos pagados por un vecino, el animal está mucho mejor de salud. Si le da calor, escarba en lo húmedo y ahí se acuesta, si le da frío se mete debajo de alguna planta o algún carro, él no tiene limitaciones. Es todos y no es de nadie.

Durante gran parte del tiempo que el “Güero” ha estado viviendo en el barrio de mi casa, estuve sintiendo lástima por el viejo perro, pero antier, mientras lavaba los platos, logré entender que el nuestro es un perro que le saca la vuelta a las ataduras y hace de su vida lo que le da la gana repartiendo un poco de alegría en cada uno de los lugares en que pernocta.