De la noche a la mañana, como por arte de esa magia marca Trump, México ha pasado de ser un país exportador de mano de obra a receptor de migrantes.

Y no es que los connacionales hayan cejado en sus intentos por conquistar el famoso sueño americano sino que son otras naciones, centroamericanas sobre todo, las que están enviando más personas hacia Estados Unidos.

Eso se ha visto reflejado en los últimos meses porque, sin desatender el grueso flujo de mexicanos hacia el vecino país, son más los que desde El Salvador, Guatemala u Honduras se arriesgan a atravesar el territorio nacional con tal de instalarse entre los estadounidenses.

Solamente que con el arribo de Donald Trump a la Presidencia de esa nación, aplicó mano dura y el gobierno tuvo que ceder a lo que en el discurso se negaba a aceptar: ser el tercer país seguro en la recepción de los migrantes.

Pablo Latorre Rodríguez, doctor de la universidad de Zaragoza en España, desde su perspectiva analiza que si bien México ya absorbe a decenas de personas de otros países antes de ser aceptados o devueltos por Estados Unidos, todavía no está listo para aceptar la diversidad cultural que esa acción supone.

El hecho de que toda una caravana de migrantes haya pasado por el territorio mexicano y muchos de ellos se quedaron en las ciudades en el camino a la frontera, no significa que esa vaya a ser la última “oleada” de personas que desean irse hacia “el otro lado” desde Centroamérica.

“México que tradicionalmente ha sido un país emisor de migrantes, ha cambiado, y esa presencia que en un principio iba a ser transitoria se ha ido consolidando y convirtiendo más en un panorama de diversidad cultural completamente nuevo que antes no contemplaba”, dijo el conferencista durante el Cuarto Congreso Internacional de Derechos Humanos en la Universidad de Sonora, que se celebró en Navojoa.

Y es que, según dijo, si bien México puede no ser el punto de arribo de los migrantes para instalarse sino que consideran que solamente van de paso, la verdad es que ya hay algunos de los centroamericanos que no dudan en instalarse en terrenos mexicanos porque, al final de cuentas, aquí no solamente se posee una gran riqueza natural sino que predomina la gran riqueza de la hospitalidad.

Por ello, este país debe, a la de ya, hacer del tema una prioridad, de tal manera que pronto la cultura de la hospitalidad no sea solamente de parte de la población sino que desde el gobierno se impulsen políticas públicas que permita a los migrantes sentirse “como en casa”.

Porque eso que sucede hoy en día que bandas de delincuentes mexicanos se aprovechan de la fragilidad de los que van de paso, como que no es una buena señal.

Ya se han presentado casos de centroamericanos convertidos en hielo o en cenizas dentro de las unidades en que son transportados, mientras que con el narcotráfico simplemente ha desaparecido y, dicen, contratados como sicarios.

Si de ser buenos anfitriones se trata, México debe dar las facilidades que se le brindaron a Evo Morales para llegar a suelo nacional.

Porque no podemos ser candil de la calle y oscuridad de la casa.

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