Ya lo dijo el escritor portugués y Premio Nobel de Literatura de 1998, José Saramago: “No pienso que mis obras puedan transformar al mundo. No cambia nada. La literatura tiene influencia en personas…La literatura es una aventura personal…No tengo la esperanza de que mis libros cambien a la humanidad.”

Lógicamente, la aseveración de Saramago tiene sus distintas lecturas; por una parte, es fácil darse cuenta que en los países en donde más se lee  y además de leer, mejor entienden lo que leen como son Japón, Suecia, Nueva Zelanda, Canadá y Australia el nivel de vida es más elevado, hay menos violencia y mejor distribución de la riqueza.

Independientemente de que en los países en que más analizan los libros les va mejor, contrario a lo que pasa en México, en dónde la televisión, la caja boba que aniquila la imaginación, corrompe el lenguaje y nos trata como meros espectadores, tiene más éxito, no nos va muy bien que digamos, pero siempre hay la posibilidad de comenzar a cambiar las estadísticas, más cuando descubrimos “La aventura personal que es la literatura”.

Ese goce tan íntimo que se obtiene al leer algo, nos puede llenar de una manera tan satisfactoria, tanto en el aspecto pedagógico, pero sobre todo en el placentero, que algunos no podemos imaginar un mundo sin libros.

Es de llamar la atención que esto de la afición por la literatura sea tan radical, pues al que le gusta leer, le gusta mucho, y viceversa.

Pero crearte el hábito de la lectura, no es fácil, es como todo lo que vale la pena, al principio es tedioso y frustrante, hasta que de repente con el ejercicio de esta acción entras en un “trance” que se convierte en esencial en tu vida.

El sólo hecho de darme cuenta de que a través de los siglos han existido personas que se dedican a escribir y otras a leer, me haría suponer que en verdad, la lectura, es una aventura incomparable.

Tú, al estar leyendo estas letras, eres alguien que siente lo mismo; esa necesidad de averiguar lo que esté a tu alcance, en una especie de catarsis que te permite elevar tu sentido de humanidad hasta los recintos de lo sagrado.

Simplemente, en los periódicos que circulan en nuestra ciudad, como el Diario del Yaqui, te encuentras con tantos temas tan interesantes y diversos como quienes los escriben, y te hace pensar que de seguro la gente que escribe en los periódicos deben de sentir algo especial, pues de otra manera no lo hicieran.

En lo personal me gustaría darme más tiempo para poder disfrutar de ese acontecimiento tan agradable que es leer algo. Más si se trata de un buen libro; lograr esa comunión tan privada entre lo que lees, lo que imaginas y lo que te llevas en tu corazón hace que en verdad creas eso que dicen de que “los libros te dan alas”.

No sé si sea necesario ser un lector asiduo para ser inteligente, pero sí sé que no es necesario ser inteligente para disfrutar de la palabra escrita. Es el verbo, hablado o escrito, lo que nos distingue como seres humanos de los animales.

Quizás le hagamos un bien al prójimo recordándole que  “Leer es una gran aventura y además, un placer”

Jesushuerta3000@hotmail.com