Surge una duda entre los yaquis:

¿Hasta cuándo deberán esperar para saber si su territorio ancestral tendrá una modificación favorable?

Es decir, si el decreto presidencial de febrero de 1997, emitido por Ernesto Zedillo Ponce de León, será derogado y se revisará el emitido por Lázaro Cárdenas del Río en 1940.

Con el primero, se deberán devolver a los indígenas dos mil 688 hectáreas de la zona de La Cuchilla, que en realidad significó cercenar algo así como 25 mil hectáreas al territorio ancestral.

Y con lo segundo, deberán restablecerse las 485 mil hectáreas decretadas como el suelo de esta nación que en realidad tenía sus límites hasta cerca de Hermosillo, al norte, y en la línea del Cocoraque, al sur.

El pasado 26 de octubre, ante el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se realizó la petición para que el gobierno termine con el viejo conflicto territorial de la Tribu Yaqui.

Y tal solicitud en realidad mueve conciencias pues siempre han existido grupos de yaquis que han avalado las decisiones presidenciales. A Cárdenas del Río lo avalaron los yaquis militares participantes en la Revolución Mexicana, lo cual provocó la ira de muchos yaquis, unos aguileños y otros alzados (kaujomes) que se mantuvieron en la lucha en la sierra del Bacatete.

Por otro lado, en el decreto de Zedillo y a 22 años de esa expropiación, muchos yaquis no olvidan el despojo en el cual algunos yaquis tuvieron participación, entre ellos algunos técnicos, abogados y líderes, que pergeñaron un documento amañado, engañaron a muchas autoridades tradicionales y a la Comisión de Linderos de la Tribu Yaqui, emanada de la lucha del movimiento Boca Abierta (Ten jawei).

Estas afrentas hechas por traidores o torokoyoris que no tuvieron escrúpulos para dejar en manos de yoris buena parte del territorio yaqui a cambio de unas monedas o puestos políticos.

Hoy en día, muchos de los gobernadores y estructuras políticas y militares que estuvieron enfrente del primer mandatario el 26 de octubre pasado, no conocen esos procesos, unos por ser jóvenes y otros porque no participaron en ese tiempo activamente en la política de la Tribu Yaqui, allá por la década de los 90.

Tan es así que permitan pisar recintos sagrados a aquellos que con sus actos traicionaron la historia de lucha y resistencia y antepusieron la ambición por los 40 millones de pesos ofrecidos por Zedillo para permitirle expropiar La Cuchilla.

Para los yaquis auténticos, esos actos no se deben olvidar y, por el contrario, debe lucharse porque las generaciones presentes los conozcan para que no caigan en la ambición, a costa de destruir la lucha del pueblo yaqui.

Gracias a luchadores yaquis que no claudicaron en vida, de seguir insistiendo sobre la defensa y lucha del territorio yaqui, muchos yaquis siguen insistiendo en el tema ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Esos yoremes que ya no están y que en su momento lucharon y se valoró enormemente su gran esfuerzo, fueron Octaviano Jécari Espinoza e Ignacio, Nacho, Ochoa, entre otros yaquis ejemplares, dignos de ser recordados por siempre.

Ahora que López Obrador dio su palabra en el recinto tradicional de la Santísima Trinidad, Pótam, Segunda Cabecera de los Ocho Pueblos, ante las autoridades yaquis, representantes de la Iglesia yaqui, líderes naturales yoremes, hombres y mujeres yaquis, para revisar y dar continuidad a los temas Territorio, Agua y Desarrollo, merece que en los ocho pueblos yaquis se dé prioridad a la búsqueda de la unidad de los ocho pueblos en torno a la verdad de los mayores y a la solución de esos temas.

También, que vuelvan a la práctica los procesos mediante las cuales los órganos de gobierno, sociales, y religiosos retomen el camino ancestral para fortalecer las instituciones yaquis.

Es momento de que mediante los consensos se definan las agendas de trabajo en las cuales se retomen los temas comprometidos y no se manejen agendas a través de las cuales grupos se erijan y quieran manipular el rumbo de la nueva historia yaqui.

En los pueblos yaquis deben revivirse las guardias tradicionales como los puntos de reunión y se expongan los mecanismos que se seguirán y sea en estos recintos donde se avalen las rutas y caminos en esta nueva agenda de la cuarta trasformación.

Porque ya lo dijo el Presidente de la República, es el sexenio de los yaquis y de los indígenas y en el 2021 ya se le deben ver las ancas a la rana y que el cansancio del ganso no haya sido en vano.