Es triste, pero creo que entre todos hemos contribuido a que en todo México la vida no valga nada, y no solo en León, Guanajuato, como diría el gran José Alfredo.

Ante los acontecimientos de cada día en Cajeme, Guaymas, Bavispe y todo Sonora y México, comparto las siguientes reflexiones:

El estado está rebasado desde hace años por el crimen organizado que creció a la sombra de la corrupción y la impunidad, y la complicidad de cada vez más ciudadanos que ahora se asustan del monstruo que entre todos hemos creado.

Se requieren acciones radicales para su control, pero al parecer nadie sabe cómo llevarlas a cabo, ni siquiera el mismo secretario de seguridad o el presidente.

En el mundo entero nos ven con lástima y coraje, al grado de que se ha escuchado a extranjeros decir que prefieren ir a Siria que a México.

El hombre de los complots, López Obrador, no sabe qué decir sobre lo que pasó, y seguro cree que todo es, precisamente, un complot, para tratar de hacerlo caer.

En caso de que los EU hubieran planeado esto con tal de tomar el control sobre los narcotraficantes mexicanos, como algunos dicen, no creo que hubieran sacrificado mujeres y niños para lograr su objetivo.

Surge de nuevo el reclamo generalizado sobre la necesidad de acabar con ese dúo mortal que son el consumo de drogas y la venta de armas que llenan los bolsillos de personas sin escrúpulos.

Me sorprende la respuesta de Alex LeBarón, familiar de las víctimas, cuando dice que su gente no quiere ayuda ni de Estados Unidos ni de México para el control de la seguridad en su tierra porque no confían en ninguno de los dos y dice estar listos para autodefenderse.

El gobierno otra vez vuelve a mostrarse incompetente al hablar de que las víctimas son resultado de un fuego cruzado entre bandas de narcotraficantes.

Fue evidente que los diferentes niveles de gobierno en México no supieron cómo reaccionar ante situaciones tan terribles como estas y se concretaron a lamentarse y a echar culpas a otros.

Se han corrido historias negativas sobre la familia LeBarón para tratar de justificar los asesinatos, pero nunca habrá nada que justifique un ataque a inocentes.

En todo México, no nomás en León, Guanajuato, la vida no vale nada y eso cada día es más fácil de comprobar. Quizá esa sea la razón de nuestro culto tan arraigado a la muerte.

Estoy seguro que la despenalización por el consumo de las drogas no va a cambiar en mucho la situación. El negocio está en lo ilegal, y el crimen organizado.

Y, por último, y creo que lo más lamentable, es comprobar que en nuestra tierra querida viven verdaderos demonios que son capaces de asesinar mujeres y niños inocentes con tal de saciar sus torcidos instintos de dinero y poder.