A Raúl Navarro Gallegos como servidor público no se le conocen estridencias a la hora de hacer su chamba.

Su actuar como Secretario de Finanzas en Sonora ha sido, sin duda, callado pero certero. Prueba de ello, lo cual reconocen propios y extraños, es el análisis de la Cuenta Pública de Sonora 2018, el cual ha demostrado pocas observaciones, tanto de los legisladores como de la Auditoría Superior de la Federación.

Dicen los conocedores de los entretelones de la política que en el pasado sexenio, ya los funcionarios federales veían como algo “normal” la aparición de un gran número de detalles de la Cuenta Pública en los cuales dos más dos no sumaban exactamente cuatro.

Pero con el arribo de Navarro Gallegos a esta encomienda de las finanzas estatales, ha quedado claro que las premisas de transparencia y rendición de cuentas son exageradamente cubiertas para que no queden dudas en torno al manejo de los impuestos de los sonorenses y los recursos que la Federación envía cada año.

Si bien es cierto que se presentaron algunas observaciones dentro de las auditorías practicadas, en realidad fueron mínimas, según lo que se ha divulgado en diversos frentes, y la gran mayoría de ellas ya han sido solventadas o están en camino de hacerse.

Según los más allegados al Secretario de Finanzas, con su modestia de siempre a la hora de conocerse el dictamen del Congreso del Estado sobre las cuentas públicas, consideró “gratificante” saber que la encomienda de la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano se está cumpliendo a carta cabal.

Pero lo más importante de este tema es que las consideraciones de los auditores durante su análisis en ningún momento ha tenido que ver con un posible daño al erario público o situaciones que ameriten una causa penal, como en el pasado reciente.

Pero, ¿cómo se ha logrado este nivel de pulcritud en el manejo de las finanzas estatales?

Primero que nada, por la experiencia de Navarro Gallegos en la materia. Ese aspecto está fuera de toda duda y, por supuesto, tuvo que ser tomado en cuenta a la hora de las designaciones para integrar el gabinete estatal, pues sabía la Gobernadora que con él en esa dependencia obtendría los mejores resultados.

Pero, además, el camino trazado para alcanzar esa eficiencia pasa, indudablemente, por una férrea disciplina en el gasto público. Nadie, por más ducho que sea en la materia, puede alcanzar el éxito si se pasa el sexenio dilapidando recursos.

Y ahí ha estado el truco del funcionario estatal. Seguir una adecuada conducta a la hora de establecer a qué se destinará el dinero de los impuestos, pues solamente de esa manera se tendrán los elementos para que, a la hora en que los sonorenses soliciten rendición de cuentas, se les pueda responder con la frente en alto.

El hecho de que la cuenta pública estatal 2018 haya sido congruente con la revisión de la Auditoría Superior de la Federación que reportó para Sonora cero observaciones, igual que en 2017, es una muestra de que se está realizando una gestión responsable.

Navarro Gallegos, es cierto, se considera orgulloso de lo alcanzado, pero también sabe que vienen momentos difíciles para las finanzas públicas y que, con su experiencia y buen trabajo, tendrá que sacar la casta para que a los sonorenses les siga yendo bien.

Es, digámoslo así, una tarea titánica, pero no imposible para un funcionario que, como todo mundo sabe, es congruente entre el decir y el hacer. Y esa, quizá, es su mejor carta de presentación.

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