No cabe duda, cada día que pasa compruebas lo inevitablemente paradójico o extraño que suele ser este experimento genial al que llamamos vida. Comienza desde el momento en que nacemos pues, “mientras nosotros lloramos, el mundo se regocija”, dice el antiguo proverbio, “Y habremos de vivir de tal manera que cuando muramos el mundo llore mientras tú te regocijas”, concluye.

Sin mucho profundizar, el simple, pero a la vez complejo acto de la respiración, nos hace vivir y morir en cada inhalación y en cada exhalación. Siempre el día trae consigo a la noche y, la flor, la espina. Nacemos en carne y de la carne, pero nos invitan a fijar nuestras metas en el ámbito espiritual para alcanzar una mejor vida.

Soñamos siempre con grandes cosas, pero el destino nos depara sólo pequeños milagros. El mismo amor nos lleva a conocer el dolor y viceversa. El agua es vida y muerte a la vez; y el fuego es muerte, pero trae la vida de regreso; todo es tan extraño, pero lo mismo que embrolla las cosas nos obliga a detener el paso para razonar para poder seguir avanzando.

Es posible que cuanto mejor te sientas contigo mismo, menos te gustes en el espejo, pues los años se llevan la juventud a cambio de más días en nuestro calendario, y ni modo de rezongar de todo lo que no podíamos entender cuando éramos jóvenes, pues no teníamos tiempo para pensar. Lo nuestro era solo para caminar más rápido que el tic tac del reloj.  ¿Cuántos hombres anduvieron cuantos caminos para llegar a obtener lo que soñaron: un hijo y una fortuna? Entonces vino el ladrón y se llevó al hijo y la fortuna.

¿Cuánto tiempo creímos que el orgullo nos llevaría lejos y lo más lejos que nos llevó fue a matar al gran Maestro? Por eso, y ante la inminente presencia del absurdo que nos rodea y que nos agobia al grado de mejor querernos rajar, se hace necesario recapitular como seres pensantes y sacar a relucir nuestra más grande de las virtudes: la humildad. Lo más grande es lo más pequeño.

No olvidemos que “El árbol que da más fruto es el que se inclina más hacia la tierra”. Tomemos como ejemplo a esos que saben más, que han conseguido más y que han vivido plenamente, pues es casi seguro que estén más cerca del suelo.

Tomemos con la serenidad que sólo la humildad nos puede dar tanta violencia, tanto odio, tanto desencuentro, y comencemos a transformar en bondad y servicio nuestro andar por los caminos, dejando de lado el tiempo para llorar y comenzar a reír.

“No te aferres, nada es para siempre y ni con todo tu dinero un minuto de vida podrás comprar” Kansas

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