Ayer fue un día especial para mí. ¿Por qué? Simplemente porque hice todo lo contrario a lo que quería hacer.
Tuve ganas de rajarme y tirar todo por la borda para perderme en mis confusiones y temores, y no lo hice.
Me dolía todo el cuerpo y el corazón de pilón, pero salí a trabajar como si me sintiera bien. En lugar de pedir, di. Y cuando más olvidado me sentía, el teléfono sonó acercando la voz de amigos y amigas que hacía años no escuchaba, lo mismo que clientes solicitando algún servicio.
Cuando tuve que ser sereno, discutí. En vez de quedarme sentado disfrutando de una plática entre amigos, me puse de pie y me dispuse a cumplir con mis obligaciones sin condiciones.
Estando en el centro de la ciudad me estacioné en franja verde y no en donde me quedara más cerca de donde iba, aun cuando llovía. Comí cuando el estómago me decía que no debía. Llegué antes de la hora indicada a mis clases extras y no, como siempre, rayando. Pensé bien hasta de quién debía pensar mal. Regalé una sonrisa y unas palabras de aliento a quien me encontré, aun cuando creí ser yo quien más las necesitaba.
Renuncié a mi deseo infinito de cenar algo sabroso hasta concluir mis compromisos de trabajo y justo al terminar, apareció en mi mesa algo bueno que comer. Las goteras de mi casa pasaron de ser una monserga para convertirse en un interesante ritmo sincopado que me hizo el olvidar el coraje de ver cómo la lluvia carcomía el techo de mi hogar.
Ayudé al desconocido, sin esperar nada a cambio y el doble recibí. Me acordé de mis enemigos y vi cómo sus desaires se disolvían suavemente en mis pensamientos sonando como un canto de sirenas. El reflejo de las luces de colores en las calles mojadas, incluyendo las de los semáforos, se convirtieron en obras de arte surrealista ante mis ojos. No hubo más desencantos, todo fluía de manera grandiosa. Lo más simple se convirtió en sublime. Quien pensé me necesitaba, me avisó que no era así, al menos no por el momento.
Mis malestares desaparecieron al son del pincel sobre el lienzo como por arte de magia. La falta de inspiración y de tiempo para escribir mi columna y enviarla al Diario se justificó por las fallas en el internet. Mis deseos por salir huyendo de la rutina se transformaron en ánimos para seguir haciendo camino aun en el mismo sendero. Pagué sin pensarlo mis deudas. Conocí gente de otros países en mi propio pueblo. Me dijo que sí, cuando no, era lo que esperaba por respuesta. El aroma de tierra mojada, del comal de las tortillas y de mi sudor se fundieron en una extraña esencia, haciéndome recordar que ahí estaba yo, vivo y motivado. Desde temprano, el ímpetu de la pasión me hizo sentir como aquel joven que un tiempo fui.
Todo en mí día fue especial, incluso escribir estas letras en la madrugada y despreciar invitaciones a libar cuando mis demonios se morían de sed. Lo único que no supe sortear con éxito fueron los estúpidos baches que esquina a esquina me hicieron renegar, pero, aun así, me quedó claro que no los merecemos y que no tienen ninguna justificación. Espero mañana inventarme algo para no enfadarme; quizá imagine que estoy en la luna.
Y, a ti, ¿cómo te fue ayer?
“Algo me pasó ayer, algo de lo que no puedo hablar claramente, algo muy extraño me pasó. Algo me pasó ayer” The Rolling Stones
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