La tala de mezquites en el Valle del Yaqui y comunidades étnicas es una práctica común, que, aunque está regulada, ninguna autoridad sanciona.

Por: Luz del Carmen Paredes

Acompañados de Ramón Granados Valenzuela se realizó un recorrido, durante el cual se constató cómo recientemente devastaron un área de más de 30 hectáreas de mezquites, en el predio conocido como Chincheta, en el Municipio de San Ignacio Río Muerto.

“Aquí entró maquinaria del Distrito de Riego del Río Yaqui (DRRY) y derrumbó mezquites y colmenas. Fue un ecocidio y, aunque se denunció el caso, no hubo responsables”, subrayó el representante de los apicultores en el sur de Sonora.

No solo arrasaron con la especie y otro tipo de vegetación, también destruyeron alrededor de 50 colmenas que estaban en el apiario, porque invadieron terreno ejidal, sin autorización.

“Yo, como propietario del apiario y del terreno, acudí con las autoridades municipales de San Ignacio Río Muerto, pero llegamos tarde, pues ya habían talado más de 30 hectáreas, que, porque son tierras de uso agrícola, según manifestó uno de los operadores de las máquinas.

Aquí el panorama es desolador. Todavía se pueden ver los mezquites talados, que quedaron como referencia de la deforestación que está acabando con las abejas y, en general, con el medio ambiente.

Esto se hizo fuera de todo orden, pues no se presentaron permisos de impacto ambiental, ni al Municipio, de acuerdo con lo que manifestó Carlos Efraín Mercado Flores, director de Desarrollo Urbano de San Ignacio Río Muerto, cuando acudimos a detener las máquinas, recordó.

Granados Valenzuela apuntó que la tala clandestina de mezquite, que realizan los carboneros es otro grave problema, que está a la vista de todos, pero simplemente las autoridades no hacen nada.

La Procuraduría de Protección al Ambiente (Profepa) y Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) que son las instancias para preservar el medio ambiente, se mantienen al margen, resaltó.

En el Valle del Yaqui, los carboneros están acabando con los mezquites y otras especies endémicas. En los últimos meses, en el valle y en las comunidades yaquis han cortado árboles de manera indiscriminada, acabando con todo.

“Tiene años la destrucción. Yo tenía 27 años cuando hice la primera denuncia forestal; ahora tengo 63 años y no hay quien pare todo esto”, comentó.

COMUNIDADES YAQUIS

De esto dan cuenta, también, las extensiones de tierra de las comunidades yaquis, donde la falta de oportunidades ha orillado a los mismos integrantes de la etnia a deforestar su territorio para subsistir.

Mario Luna Romero, vocero de la Tribu Yaqui, señaló que la deforestación en las tierras de la etnia tiene un gran impacto no solo en el medio ambiente, sino también en la preservación de sus raíces.

“Están acabando con todo, pues la tala de mezquites, álamos y palo fierro se hace de manera indiscriminada”, indicó.

Es algo muy complejo, porque el no haber fuentes de empleo orilla a las personas a ir en contra de la misma naturaleza, reiteró.

La elaboración de carbón, sin permiso de autoridades ambientales, aumenta la desertificación en su región, por lo que distintas especies de flora y fauna en algunos años podrían estar en peligro de extinción.

Desde la década de los 70 se inició con este negocio; sin embargo, en los últimos años la tala indiscriminada de árboles va en aumento, sin que las autoridades pongan un alto, señaló.

AUMENTA MORTANDAD DE ABEJAS

La muerte de abejas, que se incrementa cada año, pone en riesgo al mismo hombre, ya que son las encargadas de mantener la producción de alimentos, pero esto no lo han dimensionado.

Gilberto Moreno Valenzuela, ambientalista de San Ignacio Río Muerto, destacó que la deforestación es una amenaza, ya que impacta en el cambio climático. Acabando con la fauna y la flora y, sobre todo, con las abejas, principales especies para la polinización de cultivos.

Además, existen otros factores que están acabando con la vida de las abejas en el Valle del Yaqui y en el mundo, como son: el cambio del uso de los suelos para plantaciones agrícolas, que están terminando con el alimento de estos polinizadores, así como el uso de plaguicidas, fungicidas y herbicidas, que dañan también la salud del hombre, abundó.

SEMARNAT

Antolín Flores Mendoza, coordinador de Semarnat del sur de Sonora, mencionó que todas las denuncias se atienden, pero es difícil en una zona como el Valle del Yaqui, ya que el uso de suelo es agrícola.

Aunque la ley establece que aun y cuando sean terrenos agrícolas en descanso, se requiere de un permiso de cambio de uso de suelo, porque no se pueden derribar cactáceas y otras especies, como palo fierro y mezquites.

Todos estamos a favor de la vida, por ello, dijo, es importante concientizar de la importancia de la preservación del medio ambiente.

La Semarnat está trabajando en el aspecto de restauración forestal y reconversión productiva, y tiene como objetivo apoyar acciones y proyectos integrales para recuperar la capacidad y el potencial natural de los suelos forestales, también tratan de promover el proceso de reforestación, con el fin del cuidado y conservación del medio ambiente.

Mencionó que tanto la deforestación, como el uso de agroquímicos sí afecta a los apicultores, y que si hay denuncias se atienden.

Pero también es importante que los productores de miel se unan e implemente un programa de reforestación en los lugares donde están sus colmenas, ya que ellos son los más afectados, por lo que deben de dar el primer paso en sembrar nuevos árboles para mejorar su productividad.

Pero, definitivamente, mientras no se acabe la deforestación, el riesgo de acabar con las abejas está latente y lo que esto implica.