Lo que le faltaba al Ayuntamiento de Cajeme. Aunque ya se había escuchado la versión de que un Juez Calificador había dejado ir al asesino de una persona en las celdas de Seguridad Pública, faltaba la evidencia.

Y eso fue lo que se mostró ayer a los cajemenses. Durante una reunión de regidores y el Secretario de Seguridad Pública, Francisco Cano Castro, se comprobó la forma en que se opera en esa dependencia.

En resumen, luego de haber sido derribado por otro reo, por lo cual se golpeó la cabeza, la víctima es abandonada prácticamente a su suerte y cuando comienza a recibir auxilio verdadero, ya era demasiado tarde.

Los hechos fueron el 4 de junio, pero el video mediante el cual se mostraba lo realmente ocurrido fue ocultado hasta que el regidor Rosendo Arrayales Terán insistió en que el Juez Calificador fuera investigado y las pruebas debieron salir.

Afortunadamente al que esto escribe no le ha tocado estar detrás de barandilla, pero debe ser un proceso algo traumático cuando se trata de una persona que por un accidente o un error de conducta llega hasta ese sitio.

Para empezar, toda la adrenalina que se genera por el hecho de haber sido capturado, en ocasiones por agentes policiacos cuyo trato llega a ser poco más que irracional, pues con un uniforme y una pistola, muchos de ellos creen ser la octava maravilla del mundo y que nadie los debe ver feos, ni de reojo.

Y luego todo el proceso de los jueces calificadores, cuya actitud debe ser de conciliación pero se convierte en cómplice del agente, generalmente para presionar psicológicamente y que la víctima caiga en el jueguito de “ofrecer” para que se le faciliten las cosas y pueda salir a la mayor brevedad posible de ese infierno.

Y para colmo de males, aquella promesa de que siempre en la barandilla estaría un representante de Derechos Humanos, se convierte en humo porque en definitiva la única alternativa de los arrestados es solamente encomendarse a su fe en alguna divinidad porque ni siquiera el Chapulín Colorado puede estar presente en esas circunstancias.

Ahora que ha salido a la luz todo lo que ocurrió con la persona fallecida, las autoridades tienen la gran oportunidad de derrumbar el enjambre de corrupción en que se mueven algunos de los empleados de Seguridad Pública.

Sin duda, ahí labora también gente de buenas conductas, pero son opacadas por las malas acciones de quienes su única meta es tener dinero fácil, aunque con tal de lograrlo denigren su profesión y sus vidas.

Es tiempo para que Cano Castro tome el toro por los cuernos y desdibuje la mafia policiaca.

Si no aprovecha esta coyuntura, mañana habrá de lamentarlo.

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