Conforme transcurre la vida vas descubriendo detalles que nunca pensaste ocuparían gran parte de tu atención y de tu corazón.  Siendo un niño, un adolescente y, aún de joven, nunca tomé en cuenta ese abrupto asunto que nos ronda a diario al que llamamos muerte. Nunca.

Es hasta cierto punto del existir en que comienzas a tomar en cuenta la presencia de nuestra eterna compañera de viaje. Es hasta entonces cuando comienzas a vivir más plenamente es, podría decirse, un tipo de despertar. Es hasta ese momento en que te das cuenta que quieres a más gente y la quieres más y, al mismo tiempo, cuando comienzas a sentirte más satisfecho contigo mismo y con tu capacidad de goce, en que reaparece ante nuestro horizonte esta eterna verdad…la muerte.

No se trata de sentir miedo precisamente; sino la carcoma por la probable falta física de quien amas y la desaparición física de uno mismo, no sería sensato y sólo haría más amargos los momentos que nos quedan ante el inminente desenlace, cuando lo que buscamos es hacer que todos los componentes de la existencia se vayan acomodando de una manera propicia para sentirnos mejor,  y es en ese momento en que estamos ante la decisión de gastar nuestro capital de la vida en momentos felices  o de perdernos ante la confusión que la duda suele traer.

Estar confiados, pues, que, aunque queramos, nada sabremos sobre lo que nos depara el “más allá”, y es ese gran misterio, lo que le da sabor al “caldo” al que llamamos vida.

Mejor dejemos que el amor verdadero por los demás y por nosotros mismos se convierta en la fuente eterna de la vida; sólo con amor y devoción crearemos vínculos eternos con nuestros seres queridos.

De ser preciso, decirle a ese a quien quieres que pase lo que pase siempre estarás con él o ella. Démosle confianza a quienes nos rodeen de que emprenderemos con la frente en alto el camino que solos habremos de caminar, pero en el que un día nos volveremos a encontrar, si no en persona sí en la memoria del corazón.

La vida es tan corta que no vale la pena desperdiciarla en fricciones, peleas y temores, dirían Los Beatles. Aprovechemos mejor para darnos a brazos llenos y para servir, dos armas muy poderosas que de mucho nos habrán de ayudar en nuestra última batalla. Y no importa si no vivimos atrás nuestra vida bien vivida; no importa el mal que hayas hecho en el ayer, lo que importa es que ahora renazcas y dejes de esperar el mañana para cambiar pues quizá no haya un mañana para ti. Como dicen por ahí: En vida hermano, en vida, y no olvidéis que una vida bien vivida trae una muerte dulce, diría el gran Leonardo Da Vinci… y aún es tiempo si estamos vivos.

Abre de una buena vez tus sentidos y entrégate a la creación de vínculos eternos con quien más quieres. Ellos lo esperan. Tú lo necesitas.

Jesushuerta3000@hotmail.com