Quiero entender que el presidente del PRI en Sonora, Ernesto de Lucas Hopkins, es sincero cuando dice que la sorpresiva renuncia del secretario de Hacienda y Crédito Público en el Gobierno Federal es una decisión inédita y muy preocupante para el rumbo del país.

Es cierto, es un tema preocupante. Pero de ahí a que sea algo “nunca visto” o inédito como dice el comunicado del PRI estatal, la verdad está muy lejos de la realidad.

Quizá para el ex Secretario de Educación en Sonora esta renuncia sea una novedad porque tal vez está muy joven y no había nacido cuando el martes 17 de junio de 1986 Jesús Silva Herzog presentó al entonces presidente Miguel De la Madrid Hurtado su dimisión de “carácter de irrevocable” al puesto que hoy deja Carlos Urzúa.

El dirigente priista consideró “alarmante los motivos que enumeró Carlos Urzúa en su carta de renuncia, señalando que en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento, situación que pone en evidencia bajo qué criterio se han tomado decisiones en estos primeros meses del Gobierno Federal”.

Mucho se dijo entonces que los desacuerdos entre Silva Herzog y otros miembros del gabinete en torno a la conducción económica del país fueron las causas de su salida.

Pero mucho antes, el 16 de noviembre de 1977, Carlos Tello Macías, a la sazón secretario de Programación y Presupuesto, le renunció a José López Portillo y entre sus causas dijo:

“Las divisiones que en materia de política económica existen dentro del gabinete, en momentos en que la unidad de su equipo de trabajo es indispensable, dificultan aún más la instrumentación de la política económica y social por usted definida”.

Ya había advertido que, “ante la grave crisis económica” del país “era necesario promover la producción y el empleo, además de rectificar la política contraccionista instrumentada por las autoridades hacendarias, apoyadas por el Fondo Monetario Internacional”.

Es decir, esto de los pleitos entre grupos dentro del gabinete presidencial no es nada nuevo y el país no se va a acabar con el cambio de funcionarios. A menos que las políticas del nuevo Secretario lleven al país al extremo de la falta de recursos y, sobre todo, de confianza del sector financiero nacional e internacional.

“Que la renuncia de Carlos Urzúa sea un freno a las decisiones político-electorales que altos e influyentes funcionarios del Gobierno de México están tomando en perjuicio del país”, señaló Ernesto De Lucas en su comunicado.

Pero en tiempos en que la prudencia decía, a través de Jorge Díaz Serrano, entonces Director de Pemex, que era conveniente bajar el precio del petróleo mexicano, también los presidentes emanados del PRI tomaron decisiones con miras a las elecciones próximas.

Y ya sabemos cómo le fue al país por esas irresponsables acciones.

Entonces, que De Lucas Hopkins no nos venga a asustar con el petate del muerto.

El país seguirá avanzando y retrocediendo conforme las políticas públicas se tomen con serenidad o de manera precipitada.

Si ya 30 millones de mexicanos le dieron la confianza a Andrés Manuel López Obrador, habrá que esperar las consecuencias.

Total, ya peor que con PRI o PAN  en el gobierno no nos puede ir.

De muchas otras crisis México ha resurgido como el Ave Fénix.

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