En verdad preocupante la ola de violencia vivida durante las últimas horas en la entidad.

Es tiempo de decir ya basta. Pero en los hechos, no de los dientes hacia afuera.

A cada quien nos corresponde una manera de luchar para que Sonora alcance la paz.

A los gobernantes, trabajar en serio para encontrar a los que provocan este problema.

Pero no con anuncios cada que se reúne el Comité por la Paz, o algo así se llama, sino con verdaderos golpes certeros que permitan ver en las celdas a los peces grandes no a los charales.

Es válido sumarse a quienes desde las redes sociales piden a los que siempre convocan a marchas para defender sus intereses pero cuando se trata del interés colectivo se quedan callados y prefieren actuar como el avestruz.

Es el caso del No al Novillo, sostienen. Ninguno de sus integrantes ha salido a convocar para luchar todos por la paz y tranquilidad. Los liderazgos que vociferaban por el “robo del agua” están apagados y las muertes siguen inundando de sangre las calles y de luto a las familias.

Aquí se ha sabido de que algunos organismos intermedios, como Cámara de Comercio y la de la Industria de la Transformación, han comenzado a realizar algunos esfuerzos por tratar de que las autoridades los apoyen en la reducción de los niveles de robos, sobre todo.

Pero son esfuerzos aislados que no han involucrado al grueso de la población. Y lo que más se necesita hoy es que cada ciudadano se convierta en un promotor de la paz, pues la fuerza de una lucha de este tamaño es lo que permitirá resultados.

Se requiere sensibilizar a cada joven, a cada padre, a cada madre, de la importancia de poder salir a las calles con tranquilidad, sin pensar en que una bala perdida pueda tocarnos.

Aunque es de San Ignacio Río Muerto, un amigo que se la da de poeta nos regala estas estrofas que bien describen la situación regional. Leamos a Óscar Javier Lugo:

Cajeme huele a pólvora

Hay muertos cada hora

Hay miedo en el ambiente

Y miedo en la gente

Hay balaceras a diario

No hay ni dónde esconderte

Qué inteligentes los sicarios

Muy truchas para esconderse

Los muertos son bien custodiados

20 patrullas y  muchos soldados,

Mientras los matones

Libres por todos lados

¿Qué está pasando

que no disminuye la violencia?

El crimen les está ganando

Con mucha más inteligencia.

Cajeme huele a muerte

Los ciudadanos temerosos

Dejados a su suerte

Salen a trabajar nerviosos

No saben qué pasará

Si a sus casas sanas y salvas volverán

Hasta cuándo esto durará

Hasta cuándo terminará

Esta condenada inseguridad

Y todo por decir

Cajeme es el mejor lugar para vivir

Se llenó de malvivientes

Y ahora Cajeme, el más seguro para morir

Las funerarias llenas de clientes

Los ciudadanos llenos de dolor

Asesinan en las calles a plena luz

Sin ningún pudor

¿Hasta cuándo, nos preguntamos,

seremos felices de nuevo?

Y sin esta pesadilla levantarnos

Hasta cuándo… viviremos sin miedo a morir

Hasta cuándo viviremos de nuevo

Nuestra propia vida

Hasta cuándo ya no tendremos miedo

De toparnos con una bala perdida…!

francisco@diariodelyaqui.mx