El panorama es desola­dor: Cientos, decenas, miles de hectáreas de flora y fauna de la región del Mayo se observan materialmente devastadas. Lamentablemente arrasadas.

Por: Raúl Armenta Rincón

Es la consecuencia y el re­sultado de la irresponsabili­dad del hombre, que está acabando con su propio medio ambien­te. Pero tam­bién es pro­ducto de un débil marco normativo y de la falta de sanciones más estric­tas a quie­nes dañan la ecología.

Una im­portante parte de esa devas­tación se re­gistra en el bosque pi­tahayal más denso e impresio­nante del mundo, de más de 10 mil hectáreas, que poco a poco desaparece ante la indiferencia de las autoridades, federales, estatales y municipales.

En áreas ubicadas en los eji­dos del sur, en Sirebampo, en Navopatia, así como en zonas aledañas a Las Bocas, Masia­ca y la carretera federal Méxi­co 15, entre otras, es donde se observan los daños más graves causados al ecosistema regio­nal.

“Se está perdiendo todo un tesoro, toda una riqueza natu­ral”, lamenta el presidente de la Oficina de Convenciones y Visitantes (OCV) y promotor del turismo en el sur de Sonora, Martín Bernardo Soria Rivera.

“Es urgente hacer algo por­que, de continuar así la ten­dencia, si siguen estos atenta­dos a la ecología, en dos años no habrá nada aquí”, advierte mientras indica zonas que ya se ven “pelonas”.

Cuestiona que los gobiernos promueven actualmente, in­cluso a través de legislaciones, la siembra de árboles en las casas, cuando por todas partes, en todo el país, como en nuestra región, los están tumbando.

“Este es el contraste, la in­congruencia del Gobierno. Está bien, hay que sembrar árboles, pero antes debe frenarse toda esta deforestación, que se hace para satisfacer necesidades de agri­cultura, ganadería y otras”, agrega.

DEBE CREARSE UNA RESERVA PROTEGIDA

Soria Rivera pro­puso crear una reser­va de miles de hectá­reas, por ejemplo en los ejidos del sur, para que no se siga perdien­do toda esa impresio­nante vegetación del mezquite, jito, pitaha­ya, sahuaro, biznaga y muchas otras especies.

“Pero junto con esa vegetación, lógicamente también han desapareci­do muchísimos animales, miles de aves, también ve­nados, liebres, en fin, toda la fauna característica de esta región”, señaló.

“Por eso ojalá que las auto­ridades se pongan las pilas, que hagan esa reserva, que les compren a ejidos miles de hec­táreas para protegerlas, tal y como se ha hecho en Álamos”, agregó.

RELEGAN AL TURISMO

El presidente de la OCV resaltó que toda esa riqueza que está desapareciendo en la región del Mayo desde hace al­rededor de 20 años, acentuán­dose durante los últimos cinco, repercute en el turismo, “por lo que de ahí es nuestra preocu­pación y nuestro urgente lla­mado para que las autoridades hagan algo”.

“El turismo de aventura, así como el de todas sus mo­dalidades, representan una interesante opción aquí para diversificar la economía, por su importante generación de negocios y empleos. Sin embar­go, el Gobierno del Estado si­gue enfocándose a San Carlos, Hermosillo, Puerto Peñasco”, afirmó.

“No ha habido la atención que desearíamos para el sur del Estado, que tiene mucho potencial, es muy atractivo para los turistas de nuestro país y del extranjero, pero no dimensionamos, por ejemplo, ese valioso tesoro, ese contras­te de mar, sierra y desierto, que en muy pocas partes se ve”, puntualizó.

“El sur es el que tiene el potencial más rico, pero des­afortunadamente somos los más relegados”, remarcó Soria Rivera, al destacar que el tu­rismo es una actividad que, a diferencia de la agricultura o la pesca, es muy constante, “o sea, no para todo el año, no es por temporada”.

NO SE APLICA LA LEY: AMBIENTALISTAS

Spiro Pavlovich López, espe­cialista en el medio ambiente, recordó que todo este proble­ma comenzó hace alrededor de 20 años, cuando el Gobierno anunció, con bombo y platillos, abrir la Presa Huites (Luis Do­naldo Colosio) para satisfacer otro tipo de necesidades, prin­cipalmente de agricultura, en terrenos del bosque pitahayal.

“Pero lo hizo sin ordena­miento de nadie, sin permisos. Y entonces inició la deforesta­ción, el desmonte de todo tipo de árboles, plantas y con ello arrasó con animales. Fue la­mentable ver cómo salían co­rriendo venados, armadillos, culebras y toda la fauna. ¿Y qué pasó con las siembras? Ni siquiera sirvieron”, dijo.

Señaló que las autoridades que tienen que ver con el tema, como la Procuraduría Fede­ral de Protección al Ambiente (Profepa) nunca han tenido la capacidad para enfrentar y re­solver este tipo de asuntos.

Dijo desconocer la cantidad de hectáreas del bosque de pi­tahayas, “pero lo que sí pode­mos decir es que, del 100 por ciento que se tenía, ahorita nos queda sólo el 10 por ciento. Así de fea está la cosa”.

Indicó que problemas simi­lares se presentan en el caso de los manglares, que continúan siendo dañados porque las le­yes en la materia no se hacen valer, ni tampoco existe un real interés de crear reservas prote­gidas.

Pavlovich López consideró asimismo que debe fomentarse la participación de todos los ni­veles de la sociedad para el cui­dado de la biodiversidad y con­cientizar sobre los beneficios que brindan a la población los recursos naturales, así como los impactos negativos que ten­drán para la gente si continúan desapareciendo.

DESCONECTADOS DE LA NATURALEZA

“Tenemos el problema de la falta de cultura, del desconoci­miento, de la ignorancia sobre la importancia de un árbol; no reparamos que este árbol da frutos, que hay aves. No va­loramos lo valioso de nuestro medio ambiente. Estamos des­conectados de la naturaleza”, apuntó el también integrante de la Fundación Mangle Ne­gro.

Por su parte, Máximo Iba­rra Borbón, dirigente ambien­talista de la región, dijo que la pérdida gradual de la flora y fauna del sur de Sonora, es una prueba más de que a las autoridades de los tres niveles de Gobierno no les interesa el entorno ambiental, como ocu­rre también, por ejemplo, con los basurones a cielo abierto y los daños causados por el uso indiscriminado de agroquími­cos.

“Los alcaldes sólo tratan de quedar bien en la ciudad, en el área urbana. Todos los pre­sidentes municipales son igua­les, ya que lo que ocurre en la ecología no les importa. Eso no les reditúa para sus fines políti­cos. Ellos solamente buscan las obras de relumbrón y luego lo de siempre, que es buscar otros puestos en la política”, señaló.

“Además, los ayuntamientos no cuentan con reglamentos para atender problemas como la tala indiscriminada de árbo­les, o bien están muy limitados en sus facultades, no hay san­ciones, por eso muchos agricul­tores, industriales y personas en general, hacen lo que les pega la gana”, manifestó.

SE ACABAN LAS PLANTAS MEDICINALES

Por si fuera poco, las plantas nativas medicinales también se están acabando con la impa­rable deforestación y desmonte de las áreas mencionadas, por lo que dirigentes indígenas de Masiaca hicieron un llamado a la concientización para el cuidado de nuestro medio am­biente.

Martín Leyva Valenzuela, dirigente de autoridades tradi­cionales de Masiaca, reveló que existen alrededor de 250 plan­tas curativas utilizadas no sólo por la Tribu Mayo, sino por la población en general.

“Los ricos y los pobres; los indígenas y los yoris; todos las usamos para curar, desde una simple infección, hasta el cán­cer, pero, lástima, están arra­sando con ellas”, agregó.

Mencionó que entre las prin­cipales plantas están la hoja de mezquite, el wereke, guásima, toji, torote rojo, pitahaya, mez­cal, aceituna silvestre, nopal, mariola, sábila, orégano y chil­tepín, entre otras.

Leyva Valenzuela lamentó que el mismo pueblo indíge­na esté dañando la ecología, al tumbar árboles para sacar el carbón, así como el mezcal para venderlo en Hermosillo y otros lugares.

PIDEN APOYO AL GOBIERNO

Verdugo Matuz anunció que el 29 de junio se llevará a cabo en Sirebampo una Feria de la Pitahaya, donde se expondrá la gastronomía y artesanía de esta región, pero también se aprovechará para pedir al Gobierno que apoye más las riquezas naturales y que haga algo para acabar con la defo­restación.

“Si hay tanto cáncer, es pre­cisamente porque las autorida­des están permitiendo la venta y consumo de tantos alimentos con químicos. Ya es hora que se fije y apoye más lo natural, a nuestros montes, que nos ayude para que cada vez más haya pequeñas em­presas”, dijo.

Destacó que “es mucho lo que se puede sacar de la pitahaya, que además es buena para el cáncer, pero también hay muchos otras plantas y frutos naturales muy buenos para aliviar otras enfer­medades”. “Que el Gobierno ya deje de pelarse por cuestiones po­líticas, que mejor cuide el medio ambiente y deje un mejor lugar para nosotros, para nuestros hi­jos y nietos, para las nuevas ge­neraciones”, finalizó.