En pocos días, las llama­das “Guerreras Bus­cadoras” encontraron más osamentas que las encontradas por las autoridades policiacas en muchos años.

Los ciudadanos de a pie se quedan de una pieza cuando ven el trabajo de unas damas que con carencias y todo, la voluntad de encontrar a los suyos, desapa­recidos en su momento, es como un motor que les lleva a realizar un mejor trabajo que quienes supuestamente deben investigar dónde quedan las víctimas de la ola violenta en el estado y princi­palmente en Cajeme.

Hay temor entre las autori­dades de que a Sonora se le vea ahora como una entidad llena de fosas clandestinas. Y tienen ra­zón. No es la mejor imagen para todo lo que se ha trabajado en materia de promoción turística o de inversiones.

Pero es la realidad y hay que acatarla. Se podrán maquillar cifras, quizá, pero jamás tapar el sol con un dedo.

Es curioso saber que los agentes policiacos ministeria­les cuando supieron que se les comisionaría para cuidar a las Guerreras, se rieron de ellas y hasta les dijeron que perdían el tiempo porque en el Campo 30 no encontrarían osamentas.

Pero a las pocas horas tuvie­ron que tragarse sus palabras porque la tierra comenzó a darles la razón a las damas y uno tras otro comenzaron a aparecer los primeros ocho cuerpos, unos completos, otros desmembrados.

Las Guerreras se fueron de Obregón y la Fiscalía General de Justicia, en vez de seguir con el trabajo de investigación, de ampliar la búsqueda de huesos, prefirió seguir con el discurso de que solamente se apoya esa labor.

Tuvieron que pasar otros días para que las mujeres regresaran al mismo lugar y encontraron otras 38 osamentas.

Y otra vez el discurso oficial de que las apoyarán con la inves­tigación y pruebas para saber quiénes son los “encontrados”. Eso suena a demagogia pura.

No habla muy bien de las autoridades procuradoras de justicia el permanecer inactivas ante el descubrimiento hecho por unas damas a las que el amor por los suyos las mueve a inda­gar mucho más que los policías ministeriales sobre el “fenómeno” de los ciudadanos desaparecidos.

Son muchas también las averiguaciones previas, o como les llamen ahora con el nuevo sis­tema de justicia penal, que han quedado en el archivo solamente porque las autoridades dicen que quienes se están matando entre sí son integrantes del crimen organizado.

Con ese argumento, hasta ahora son pocas las investigacio­nes realizadas, los sicarios dete­nidos o las muertes resueltas.

Y, sin embargo, la polémica envuelve a la tarea de esas auto­ridades porque, como sucedió el fin de semana en Hermosillo, se presume de una ejecución extra judicial a personas que aparen­temente ya estaban sometidas y, sin embargo, se les dio el “tiro de gracia”.

Tiene en sus manos la Fisca­lía General de Justicia mucha tela que cortar. Por un lado, el ejemplo de las Guerreras debe ser superado por las autoridades pues hay muchos cementerios clandestinos aún por descubrir.

Hay quienes especulan que por lo menos son dos mil son los “desaparecidos” de los muni­cipios de la región y se estima que la zona del río Yaqui, detrás de Cócorit, también fue un sitio muy “visitado” por los enterrado­res no oficiales.

Y, por otra parte, la Fiscalía debe dejar claro la actuación de sus muchachitos en lo que se pre­sume fue una ejecución de seis individuos. Malvivientes o no, ya estaban sometidos y debieron ser encarcelados y sometidos a juicio.

Los agentes son de la Fiscalía, no dioses como para disponer de vidas ajenas.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx