Después del Domingo de Ramos, que fue el día de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, y en pleno Lunes Santo, cuando María untó con per­fume los pies de Jesús, durante una cena en casa de Lázaro, quien resucitó de entre los muertos; dos mil años después arde la Catedral de Notre Dame, en París, Francia…

Hace tiempo leí el libro El alquimista, de Paulo Coelho, (sé que a algunos les da urtica­ria nomás de ver este nombre), que me pareció muy interesante, y narra, a grandes rasgos y simbólicamente, que la vida siempre nos está mandando señales que nos pueden orientar para llevar a mejor puerto nuestra existen­cia, siempre y cuando estemos atentos a esas señales.

Y yo creo que esto es muy cierto. La vida, la mente, el corazón o la intuición, como quieras llamarle, siempre nos están diciendo por donde dirigirnos, pero por lo general no le ponemos atención y terminamos cometiendo errores de todo tipo o, simplemente, se nos escapan cosas y situaciones que tanto deseamos.

Por ejemplo: Jesús entra triunfal a Jerusalén tan solo unos días después del inicio de la prima­vera, cuando la vida renace, pero él va directo al “matadero”.

María, amiga de Jesús y hermana de Lázaro, frotó los pies de Jesús con perfume y los secó con su cabello en un acto de extrema humildad.

Lázaro había muerto, pero la fe le permitió revivir.

Arde la Catedral de Notre Dame en París en un día Santo, templo considerado como un tesoro de la humanidad, y no solo de los cristianos, pero, gracias a su cuerpo de bomberos se logró contro­lar el fuego; ahora, el mundo entero está atento de este acontecimiento, y ya muchas personas están dispuestas a aportar recursos para su restablecimiento…

Los días, los minutos, los segundos, y todo a nuestro alrededor nos manda señales o símbolos de cosas que debemos evitar o que debemos hacer o cambiar, es cuestión de estar atentos y dispues­tos a hacerlo.

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