Es inconcebible que a unos pocos meses de haberse iniciado, la presente admi­nistración municipal haya caído en to­tal descrédito.

La última información negativa que se le ad­judica es la “comparecencia” del Contralor José Guerra Beltrán, del cual se pidió su renuncia debido a conflictos de intereses.

Y es que un hijo del titular del Órgano de Con­trol Municipal, José Guerra Fourcade, trabajó al lado de Faustino Félix Chávez como titular del Rastro Municipal, uno de los inmuebles que es investigado debido una compra venta algo sospechosa en tiempos de Rogelio Díaz Brown Ramsburgh como alcalde cajemense.

Además, los regidores acusan al contralor ca­jemense de no haber hecho su chamba con el profesionalismo requerido.

Ante esos antecedentes, los ediles solicitaron que si no va a cumplir su tarea, mejor que se retire del cargo.

Pero la aplanadora morenista, cuyos inte­grantes están solamente para levantar el dedo sin analizar realmente los problemas presenta­dos, pasó por encima de quienes solicitaron el despido de Guerra Beltrán.

Habrá que decir, en honor a la verdad, que no es el único caso en que el gobierno de Mariscal Alvarado tiene problemas. Hay varios aspectos en los cuales la opacidad es el signo del régimen apenas iniciado en septiembre pasado.

Y las críticas le han llegado no solamente desde la sociedad sino que desde las mismas filas de su partido, las condenas a un régimen, por no decir que al Alcalde, al que tachan de in­tolerante y soberbio, son cada día mayores.

En las redes sociales, por ejemplo, hay todo tipo de lamentos sobre la manera en que los morenistas han sido tratados por el Presidente Municipal y algunos de sus funcionarios.

Han llegado al grado de meterse en cuestio­nes muy personales, como con el Secretario del Ayuntamiento, Ascención López Durán, al que han dado por llamar “Sugar Daddy”. Y han tun­dido también a la Comisaria de Cócorit, Martha Elena Ramírez Calderón, a la que acusan de no atender con eficacia sus responsabilidades y, sin embargo, se le protege.

Un paréntesis para señalar que precisamen­te en la Comisaría de Cócorit al comandante de la Policía lo han dedicado a la cobranza de diversos impuestos y permisos, como los de construcción en los panteones, pero descuida la vigilancia de la comunidad ante la ola de robos que en todas las colonias se han registrado.

Bueno, al fin y al cabo una raya más al tigre del descrédito en que ha caído el gobierno de Mariscal Alvarado. Y en tan poco tiempo.

Por ello, a la administración municipal le hace falta un “relanzamiento”, como dicen en la jerga política, que le permita voltear los ojos hacia los verdaderos problemas de la sociedad, pero sobre todo a los aspectos de corrupción que han llevado al Ayuntamiento a la bancarrota durante los últimos trienios.

Pero si se quieren volver cómplices de los que se fueron, pues que lo digan.

Ya la sociedad sabrá qué hacer con ellos.

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