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Para pagar sus gas­tos en la escuela, Felipe y Benjamín se disfrazan de fariseos. Y mientras uno ejecuta el conocido ritmo de estos personajes, improvisando un tambor hecho con una cubeta, el otro baila la Danza del Venado y así, por las ca­lles de la colonia Villa Bonita, cambian su baile por unas monedas.

Por: Fabiola Navarro

Los vecinos curiosos salen a verlos danzar, mientras los pequeños portan unas máscaras hechizas, tenabaris y pañoletas. Ellos aprove­chan la Cuaresma, para mediante esta actividad, juntar dinero y hacerse cargo de sus gastos en la escuela.

Ambos son de escasos recursos y Felipe está a cargo de su abuela, quien mediante su trabajo debe mantenerlo a él y a otros 3 nietos, que desde hace años viven con ella.

Una máscara de cartu­lina, pintada con colores fuertes, con lápiz y plu­ma, es la que improvisó Benjamín, aprendiendo el conocido ritmo de los fari­seos originales que ento­nan el tambor, pero él lo hace con una cubeta y un par de palos.

En tanto Felipe, trae la indumentaria yaqui, pues es hijo de un indí­gena que le enseñó la Danza del Venado, la cual baila de manera peculiar, para ganarse unas monedas.