El francés escribe su nombre con letras de oro en la historia de Tigres. Ya está a cinco ano­taciones del “Jefe” Boy como máximo goleador felino de todos los tiempos. Por lo pronto, ayer le regaló un triunfo más, ahora la víctima fue Santos. Los La­guneros lo intentaron, pero no estuvieron finos. Los norteños volvieron a ganar en casa y to­dos sonrieron en la Sultana. 2-1 final.

Tanto felinos como Guerre­ros no se guardaron nada. Des­de el primer minuto del cotejo se respiró un ambiente de dos equipos con hambre de triunfo y serios candidatos al título del torneo. Con esa etiqueta salie­ron al campo y no defraudaron.

Los regiomontanos insistie­ron en varias ocasiones y abu­saron de los trazos largos. Eso lo aprovecharon los verdiblan­cos, pero sin el tino suficiente para preocupar al portero Na­huel Guzmán. Un tremendo za­patazo de Javier Aquino fue el preámbulo para hacer estallar el Volcán.

El primer gol llegó en un tiro de esquina. Una serie de rebo­tes en el área chica permitió que Enner Valencia sorprendiera con su viveza y así venció a Jo­nathan Orozco. Los de Torreón reclamaron, incluso intervino el VAR, pero el gol no fue anulado. El ecuatoriano regresó a la titu­laridad y lo hizo a lo grande.

Desde ese momento, Santos despertó. El refuerzo Javier Co­rrea lo intentó desde larga dis­tancia, sin embargo, el portero argentino demostró que tam­bién puede ser el héroe y salvó a su equipo del empate.

Poco le duró el gusto a Na­huel. Julio Furch demostró su olfato con el gol y no lo perdo­nó. Con un disparo de más de 35 metros, finalmente lo venció. ¡Golazo del Emperador!

En la fiesta que se vivió en el Universitario, no podía fal­tar un francés como invitado. André-Pierre Gignac inició revolucionado la parte comple­mentaria y en el primer suspi­ro, sacó de la chistera un cabe­zazo que devolvió la ventaja a los locales.

Las malas noticias para los visitantes no cesaron. El defen­sa Matheus Doria salió expul­sado y ni el video arbitraje lo salvó.

El milagro para los divinos estuvo cerca de llegar, sin em­bargo, no se concretó. Ni los universitarios pudieron finiqui­tar con Eduardo Vargas, quien mandó un disparo al poste. Ni los Guerreros dieron batalla suficiente para cambiar el mar­cador a su favor con hombres de recambio como Preciado y Moreno.

El Tigre rugió en casa y no hubo santo que lo impidiera.