Por: Oviel Sosa
Por varias décadas se dedicó a la venta de frutas y verduras, oficio que le dejó grandes satisfacciones e hizo que mucha gente lo ubicara por su peculiar estilo al comerciar.
A la edad de 30 años, don José llegó a Ciudad Obregón proveniente de su pueblo natal, Tierras Coloradas, localidad que se ubica en el Municipio de Jesús Marías en el Estado de Jalisco.
Tras fallecer su esposa con la que tuvo 16 hijos (de los cuales le sobreviven nueve, entre ellos cuatro hombres y cinco mujeres), encontró una nueva compañera de vida con la que escribió toda una historia plagada de aventuras y perseverancia que le sirvieron para salir adelante y con ello crear toda una imagen.
A un lado de las vías del ferrocarril en la calle Norte, junto a su pareja la señora Bertha, vendían fruta y verdura. Con el paso de los años construyeron a unos metros de dicho lugar una frutería, en la cual atendían a cientos de clientes diariamente.
Montado en una carreta y siendo jalado por una yegua de nombre "Cubana", recorría las calles de la colonia Benito Juárez ofreciendo el producto, estampa que plasmó por más de 30 años, tiempo en el que se mantuvo activo.
La música era su gran aliada para mantenerlo feliz, de tal manera que en la frutería que edificó en la colonia Matías Méndez (producto de su esfuerzo) mandó a hacer una cancha en la que festejaban con la banda e invitaban a la gente y les regalaban comida.
"El Sale" y su segunda esposa trasladaban su alegría a los bailes que se hacían en Cócorit, donde la gente y grupos que tocaban les aplaudían por el entusiasmo que proyectaban. La popularidad que se ganó le ayudó a ser fotografiado y salir publicado en el periódico en varias ocasiones.
El trato con las personas y la generosidad de don José y su pareja, hizo que la gente los frecuentara, pues acostumbraban regalar plátanos y otras frutas y verduras a las personas.
Desde el año 2013, "El Sale" y su compañera de vida ya no realizan el oficio que tantas alegrías les otorgó; ahora solo ve el fruto de su trabajo reflejado en su familia a la que sacó adelante.
Actualmente, don José tiene 91 años, y siempre ha sido muy sano. Su desayuno consiste en tomarse un jugo elaborado con ocho limones y después ingerir siete claras de huevo. Su semblante es otro reflejo de la edad, pero el brillo en los ojos y la sonrisa aun los conserva.









