Por sus pies cansados, su rostro cenizo y maltratado por el clima y el sol, su cabello desaliñado y su dentadura incompleta, la gente le suele juzgar, sin saber las travesías que Jesús Efraín pasa para llevarle sustento a su esposa y su señora madre.
"La gente me juzga, yo no soy un ratero o asaltante, simplemente por necesidad debo dormir en las calles y viajar de trampa en el tren, porque si no gastaría mucho dinero y no podrían darle dinero a mi esposa ni a mi madre. Cada regreso, llego a Ciudad Obregón a descansar y lo hago aquí debajo de este lugar (Biblioteca Pública), porque es seguro, si llueve no me mojo, hay luz y pasan policías"
, comentó mientras cenaba un pan telera con queso y se pasaba el bocado con licor de caña, de esas de las más económicas, pero que le servía para soportar el frío.
A la mañana siguiente, Efraín emprendería de nuevo su viaje para regresar con su esposa y su madre a Tepic, llevando puesto una delgada camisa, un pantalón y un par de huaraches, porque sus tenis se los robaron al llegar a Cuidad Obregón.








