Violencia: última oportunidad

Por: Francisco González Bolón

S.onora, y Cajeme en lo particular, tienen una última oportunidad.
El llamado ya está hecho y pasará poco tiempo para que se presenten, como dirían los clásicos, hechos sin regreso.
Este viernes, en un templo católico de la colonia Urbi Villa del Rey, un sicario entró y en medio de una misa disparó contra una persona, cuyo cuerpo quedó en medio de lo que, hasta ahora, había sido considerado como un lugar sagrado.
Los delincuentes habían hecho de las suyas en diversos sitios e incluso habían dejado parte de un cuerpo en una hielera en la fuente de la cascada.
Pero el que un delincuente haya operado con tanta impunidad dentro de un edificio religioso, definitivamente representa para todo mundo pasar el umbral del respeto a los valores más altos del ser humano.
Por un lado: ¿Qué más nos queda para presenciar? ¿Una masacre escolar como las que viven a cada momento en Estados Unidos?
Pero, por otra parte: ¿Qué debemos hacer sociedad y gobierno para que estas escenas no vuelvan a repetirse?
Definitivamente, en este cuestionamiento está la clave: mientras sigamos con la adoración a las canciones del narcotráfico, dejando que los niños las disfruten, se las aprendan y las canten a todas horas del día, es decir mientras no tengamos desde el hogar una adecuada educación, este cáncer irá minando el cuerpo social.
Estamos ante una última oportunidad. Y no es exageración. Aún podemos cambiar el camino.
Hay que operar en conjunto para denunciar a todos aquellos con comportamiento extraño que vemos en nuestras colonias, pero que por temor preferimos dejarlos “trabajar”.
Hay que acusar también a los policías traidores a la confianza del pueblo, que en vez de proteger a la sociedad, se alían a los mañosos.
Ya basta. Así como en las urnas se pudo lograr una transformación, así hay que hacerlo en lo social, sin temores.
Desde hace buen rato, las autoridades federales, estatales y municipales saben con certeza quiénes están detrás de estas atrocidades. No es fácil, pero ya ha pasado mucho tiempo como para actuar y no se ve que lo estén haciendo.
El Secretario de Seguridad Pública de Sonora, lo hemos dicho, está en su burbuja rosa repitiendo permanentemente el discurso que la violencia ya va a la baja.
Como siempre va escoltado, con una nube que le impide ver su entorno, sigue su camino sin que algo lo haga voltear hacia donde los hechos ya no son una percepción sino una cotidiana realidad.
Ojalá algún día Adolfo García Morales pueda despertar.
De transporte
Como en los viejos tiempos, cuando a Samuel Ocaña García se le ocurrió quitarle a los municipios el control del transporte y la Policía, una iniciativa de ley pretende regresar a los ayuntamientos las facultades sobre tarifas y concesiones de los camiones urbanos.
Ojalá que ahora sí la célula principal del federalismo, el municipio, pueda ser el protagonista de una actividad en la que se requiere estímulo para evitar que nuevamente la “chatarra” sea el símbolo del transporte.
Habrá que estar atentos, también, a que la corrupción quede fuera del sistema que pretende usarse para el control de este negocio. Tanto para concesionarios como para funcionarios. En ambos renglones hay que eliminar los vestigios del viejo dinosaurio y darle paso a la modernidad que tanto reclama el servicio, pero principalmente el usuario.
Para comentarios:
[email protected]

Dejar un Comentario